28/4/18

Cambio de paradigma

En los últimos años he pasado de estar volcada en temas alternativos, espirituales y de todo lo relacionado con el crecimiento personal a ir depurando creencias y vivencias, cuestionármelo todo y adquirir un poco más de humildad que podríamos resumir en "¿Y yo qué co*o sé?"

Ahora investigo y vivencio más bien desde la Psicología, concretamente la Gestalt, que contempla el cuerpo y enfoques con los que conecto mucho más que con la carrera de psicología en sí, que para mí tiene mucho de necesaria y poquísimo de práctico, por no hablar de que debiera ser obligatorio que cualquier persona que va a trabajar con otras personas primero se haga un buen trabajo personal, cosa que no acaba mientras vivimos, y las correspondientes supervisiones durante su vida laboral.

Los más de 20 años anteriores, de los cuales he obtenido muchísimo fruto maravilloso y que me llevaron hasta donde estoy hoy, así como una gran cantidad de vivencias difíciles han dado paso a un balanceo casi hasta el otro extremo. Ahí he podido hacer una buena limpieza de teorías e introyectos (creencias tragadas sin más, normalmente por la necesidad de encontrar alivio, aceptación o esperanza). Todos esos introyectos llevo ya un tiempo masticándolos y me doy cuenta ahora de lo ingenua que era, del empeño que ponía en trasladar a tod@s los que conocía la única opción válida del momento y, por supuesto, la necesidad imperiosa que yo misma tenía de con ello certificar su validez.

Por supuesto que ha habido mucho que conservo y aún hoy me parece fructuoso y serio, responsable y profundo, como la meditación zen o la vipassana (ésta última la he conocido mucho menos). Y todo lo demás que he tocado contiene mensajes, personas, vivencias, herramientas y un compartir igualmente valioso, pero hay que depurar mucho.

Mi sorpresa ha llegado cuando... tras años de seguir estas creencias a pies juntillas en un mundo que creía lo contrario (evitando quejicas, víctimas, tratamientos médicos más a base de pastillas que de otra cosa, etc.) me encuentro que, curiosamente, el paradigma que prima ahora es el positivismo a toda costa, y me veo defendiéndome y evitando aquello que antes buscaba!!! Aparte de mi obvia necesidad de rebeldía y oposición (lo que es, es y no lo voy a negar), podría resumir toda esta entrada en... ¡CUÁNTO DAÑO HA HECHO LA AUTOAYUDA! aunque creo que se lo estoy pisando al muy acertado Víctor Amat. Gracias, Víctor, porque te veo gran valentía al puntualizar unas cuantas verdades respecto al multitudinario y lucrativo movimiento de Autoayuda y familia que se ha creado... creo que se les ha ido la mano bastante.



El vídeo habla por sí mismo pero continuamos.

Lo primero, y resumo, el poquísimo respeto que se está teniendo ante la enfermedad de las personas, o mejor dicho, antes las personas enfermas. Venimos de un extremo en cuanto a que cada enfermedad era tratada de forma aislada y sin tener en cuenta el todo del paciente, tanto su cuerpo como sus emociones, situación, etc. Y nos hemos ido al otro, donde hasta los facultativos pretenden, con su mejor intención, que cambies tu pensamiento para curarte. Una de las peores cosas que han traído estas tendencias es la culpabilización del paciente: es decir, si no te curas (si tu vida no es fantástica) es que eres tonto o tonta, vamos, que no piensas bien. Ni un polo ni el otro. Habrá que ver cada caso por separado, pero hemos acabado por negar la parte orgánica totalmente. Esto tiene que ver con la necesidad de controlar lo que nos pase y una falsa sensación de seguridad y poder, y poder sobre el otro, que nos encanta. Es decir, si fuera cierto que aprendiendo a pensar adecuadamente puedo cambiar mi realidad sin límite... acabarían mis problemas y ansiedades, sería feliz. Si además me dan una lista de pasos y tengo un grupo que lo avala, ¡uau! Me salvo seguro, además tengo resueltas las necesidades de pertenencia y aceptación. Y sobre todo, no tengo la responsabilidad, no tengo que decidir. Con seguir las instrucciones tengo, si no funciona por supuesto, es que lo hago mal.  Y así tengo siempre la opción de que exista esa salvación, sólo es que me lleva un tiempo llegar a ella.

Tan legítimo y loable es querer mejorar, curarse y sentir alivio como ayudar a los demás, pero perpetuar un modelo que nos hace niños frente a un poder más grande y la falta de autocrítica y filtro ante todas esas teorías que nos echan... Yo haría un llamado al adulto que nos habita, quizá estaría bien su participación. Puede ser más complicado, sobre todo porque quizá acabaríamos encontrando que cada camino es individual y por momentos no hay nada escrito, sino que nos toca decidir, arriesgarnos y responsabilizarnos. Y por supuesto, aceptar.

Puede que la vida sea tal cual es, y quizá yo no tenga poder sobre todo lo que me pasa, quizá no tenga que tenerlo. Muy legítimo crecer, luchar por nuestros objetivos, apasionarnos, descubrir nuevas herramientas y crecer con ellas, confiar... y aceptar. Lo que tengo delante, sin más.

Todo este movimiento también calma nuestra necesidad de explicación. Necesitamos expliación de todo, de un dolor que tengamos, del origen de la vida, el dolor es el mismo pero la información nos calma. Ahora sé qué pasa. El segundo paso es: ahora puedo arreglarlo. Sería muy frustrante sentir la impotencia de no poder hacer nada ante algo. En realidad también tenemos un montón de tendencias sobre aceptar, rendirse, soltar. De hecho, tomando de cada línea de pensamiento lo justo en el momento adecuado, quizá encontráramos eso que tanto anhelamos. Y quizá a veces sea tan simple como ver una película de risa o tomarse un café, y dejarse de tantas teorías y normas (sobre cómo vestir, qué comer y una larga lista para poder sanarse o crecer espiritualmente o...) Como todo, unas cosas sirven, otras no, pero no olvidemos nuestra individualidad y sentido común por el camino.

Casi que lo que más inaguantable se me hace es el efecto "Necesito que tú también lo creas". Con toda la mejor intención, nuestras amistades acaban de descubrir algo nuevo, que les está sirviendo mucho, están realmente felices (recuerdo esa sensación maravillosa) y entonces... ¡huye corriendo porque te perseguirán para que lo hagas tú también! En muchos casos es lo mismo que con cualquier grupo de pertenencia: Si piensas como yo, si somos muchos, somos más fuertes, esto es más cierto. Y la esperanza sigue viva. A veces es la necesidad de creer en cambios y sanaciones a toque de varita mágica. Y qué bueno que esto a veces sucede, y que nuestro empuje y apasionamiento unido a estas herramientas consigue grandes cosas. Sólo pido no olvidar nuestro sentido comun, esa otra parte. Evaluar...

Tras varios años sanando mi cuerpo con terapias diametralmente opuestas para poder sacar y soltar todas esas emociones reprimidas, esas tan feuchas (ira sobre todo, tristeza, etc.) porque todas estas tendencias decían que "Eso nunca sucedió", "Eso es utilizar excusas para no ser feliz", "Eso es hacerte la víctima", o tratar de forzarte a pasar directamente del suceso al último paso de perdón y olvido... Yo sólo digo... ojo, para unos durará un día y para otros un año (o lo que sea) pero no hay emociones mejores ni peores, todas son necesarias y hay que aprender a gestionarlas, no a negarlas.