1/11/10

"La Hebra" - Fragmentos




Escrito por Aliske Webb, de Ediciones B. Cursi, lento, poco interesante y, la verdad, escrito de una forma bastante tontolina por alguien que parece hacerse aún más tonta y remilgada de lo que es. En fin, nada recomendable, por mal que esté el decirlo ya que:

1º Va de un pueblo luchando por su parque (vamos que más políticamente incorrecta no podría ser... bueno, mentira, se me ocurren mil formas)

2º Aquí van casi 5 páginas de word de textillos... será que tenía el finde tonto.

“La luz solar fomenta el crecimiento y la escarcha provoca el deterioro. Algunas semillas hallan alimento y prosperan; otras, se marchitan y mueren. A veces tenemos que retroceder y podar a fin de propiciar un crecimiento sano. El granizo ataca a veces de improviso y, sin embargo, existe en general un impulso y un ansia de vida y salud pese a las adversidades que acaecen al jardín, o al espíritu. El jardín saldrá adelante. Hay que confiar y tener fe. Un poeta dijo en una ocasión que el milagro de la vida que espera en el corazón de una semilla no se puede demostrar en el acto. Sólo el tiempo puede demostrar ese milagro escondido, latente. Para la espera se necesita fe.”

“Es una pregunta que Jack hacía a menudo. En mi lugar, ¿qué harías tú?

- Para acertar hay que preguntar – decía Jack -. Existe una gran cantidad de información útil allá fuera, en la experiencia de otras personas. Abríos camino hacia el éxito preguntando – aconsejaba a los jóvenes ejecutivos.

Yo había podido constatar que las mujeres reaccionaban especialmente bien a este enfoque, sin temor ni reticencias para pedir ayuda ni egoísmo a la hora de prestarla.

(...)

Esperé. Jack me había enseñado también a preguntar y luego callarme esperando la respuesta, sin llenar el silencio con mi impaciencia. Solía reírse de mí porque después de hacer una pregunta, sin darle tiempo a responder, le planteaba otra.”

“Todo el mundo había extraído lo que necesitaba de la historia. El cuento folclórico de Jo parecía haber agradado e insuflado por algún extraño conducto una nueva energía al grupo. Era como si hubiera dado a cada cual el permiso que necesitaba para ser deferente y no sentirse mal. Había sido una forma ingeniosa de comenzar la clase. Era admirable aquel enfoque tan original de Jo.

(...)

Verá, la cuestión de la creatividad y el enseñar a todo el mundo a la vez van juntas: no existe “primer grado” de creatividad, “segundo grado” de creatividad, y así sucesivamente. Existe simplemente la creatividad. Las técnicas sí tienen grados de pericia, pero no la creatividad. Toda técnica se puede enseñar en cinco minutos de demostración. El tiempo restante es para practicarla. Para eso no se necesita llevar al alumno de la mano ni darle de comer en la boca. Lo único que se precisa es tiempo y espacio para ejecutar la práctica repetitiva. Lo que sí hay que hacer es alimentar y fomentar la creatividad, que necesita un entorno propicio para desarrollarse. Mi opinión es que es más fácil fomentar la creatividad en un grupo.

La vida nunca está encasillada en actividades puras separadas. La vida es una mezcla de experiencias. En cualquier momento, hay cosas en que uno destaca y otras en que es torpe y novato. Así es como debe ser. Siempre hay alguien que es mejor en algo que uno, y alguien peor. Para mí sería más difícil intentar separarlas según los diferentes niveles de pericia que supuestamente les corresponde.”

“Todas realizamos una labor mejor cuando nos apoyamos, animamos y ayudamos unas a otras. Verá, yo o soy la única que tiene algo que enseñar aquí. Mi única responsabilidad es aportar inspiración y hacer que no decaiga la motivación.

-¿Cómo puede ayudar a la gente a hacer aflorar ideas de su inconsciente, o a que les venga justo a la cabeza el tipo de tela precisa? – pregunté.

-¡Bah! Eso es fácil – respondió con una sonrisa maliciosa-. Aunque no lo crea, la mayoría de las personas quieren ser creativas. Las mujeres en especial quieren serlo. Lo único que necesitan es el permiso para intentarlo y el espacio para ponerlo en práctica. A partir de ahí, el resto lo harán solas dejándose llevar por su instinto o intuición.

-¿No deberían ser ellas mismas las que se dieran permiso?

No bien la hube planteado, supe que era una pregunta estúpida. Sabía de sobra que en la vida siempre estamos buscando la validación de otras personas.”

“-No estás perdida, Aggie.(...) Estás justo aquí, donde tienes que estar. Para estar perdida tienes que querer estar en otro lugar. ¿Hay otro lugar concreto donde quisieras estar?

Negué con la cabeza.

- No. Perfecto. Entonces no estás perdida. Estás en una encrucijada, nada más. Te encontrarás bien en cuando decidas qué dirección tomas. No quieras saber con toda exactitud adónde vas. Si sabes adónde vas, significa que seguramente ya has estado allí, y acabarás justo en el mismo sitio de partida.”

“Da igual qué camino tomes porque la paradoja está en que acabarás allí de todas formas”.

“Todo lo que estás buscando ya te está buscando a ti”

“No se puede estar en el ramo y no ser una misma aficionada al quilt. Eso es lo primero que debes saber. Si no te apasiona lo que haces, los clientes lo percibirán como una falta de compromiso y no habrá conexión. Existen muchas herramientas y técnicas que aprender en la confección de colchas, pero lo único que no se puede enseñar es la pasión. Todo el mundo tiene que asumir la iniciativa para encontrar su propia pasión. ‘Sigue aquello que te hace dichoso’.

“El valor no es más que una decisión que tomamos en las encrucijadas”

“La encrucijada puede ser una oportunidad para una renovación de creatividad. Para ello debemos, no obstante, decir “sí” sin temor a la puerta abierta y traspasar el umbral. Lo más probable es que haya desafíos al otro lado y quizá también confusión y caos, pero ahí es adonde conducen las encrucijadas.”

“¿Complicaciones? La vida es complicación. Sólo en la muerte no hay complicación”, dice Zorba en la película Zorba el griego.

“A pesar de las dificultades y el caos, el camino ha de ser expansivo y alegre. Sólo cuando desatendemos nuestras necesidades interiores por culpa del miedo nuestras vidas se vuelven pequeñas y tristes y queda limitado nuestro punto de destino.”

“Creo que es más fácil lograr que la gente dé su aprobación a algo que le gusta que hacer que se oponga a algo que no le gusta.”

“En lugar de cargar contra todo, tiene que haber una manera más creativa y constructiva de hacerlo.”

“A veces la gente no quiere ver alternativas una vez que se ha convencido de que sólo existe una forma de encarar una situación.”

“A veces cuando uno se propone animar y convencer a los demás, acaba convenciéndose a sí mismo”.

“Mis insignificantes problemas no contaban. De todas formas, existe una causa superior”

“Quizá podríamos llamar a este trastorno ‘manías de insignificancia’, y entonces podría considerarse oficialmente una enfermedad espiritual. Así tomaríamos medidas para curarla enseñando a la gente que todo el mundo cuenta, que todo el mundo puede incidir en las cosas, que pensar lo contrario es engañarse.

No obstante, pese a estas reflexiones, tenía una profunda sensación de futilidad y me costaba recuperar el ánimo. ¿Cuándo aprendería que para salir del atolladero no hay por qué aislarse? Cuanto más grave es el problema, mayor es la necesidad de apoyo. Me hallaba en una de esas situaciones que requería el aliento compasivo de los demás. Hacía falta otra mano oculta que entrara en juego.”

“-¿Y qué ocurre pues?

-Ay, no sé, mamá. Es que a veces me siento tan... ¡ahogada! –(...)

- ¿Qué quieres decir?

-Ya sabes que lo pasmaos muy bien juntos. (...) Vamos a sitios estupendo y nos reímos mucho.

-Sí. ¿Y entonces?

-Me siento tan culpable por quejarme...

-Sí. ¿Y?

-Supongo que ahí está el problema. Todos los fines de semana él quiere que lo hagamos absolutamente todo juntos. Siento que no tengo tiempo para estar sola. No puedo ver a mis amigos sin que esté él. Por desgracia, todos piensan que es un gran tipo. Es peor que tener a Susan pegada a los tobillos cuando éramos pequeñas. Siento como si lo tuviera colgado del cuello todo el tiempo. Quiere que comparta todas mis aficiones e implicarse en todo lo que me interesa a mí. ¡Es como estar unidos por las caderas!

Me la imaginé gesticulando con furor mientras descargaba la rabia por el auricular. Jennifer siempre había sido independiente y comprendía que aquello fuera una carga para ella. Necesita aire y espacio. Necesita una relación interdependiente en la que ambos den y reciban, entren y salgan, orbitando uno alrededor del otro por amor, no aferrándose de modo desesperado como medida de supervivencia mutua. Al principio le halagaban sus continuas atenciones, pero ahora...

-En principio las parejas deben compartir sus intereses – señalé.

- Sí, lo sé – (...)

- ¿Le has explicado cómo te sientes?

- Sí. Y el dice que si lo quiero, no tengo por qué sentir deseos de estar sola o con otras personas.

“¡Ay, ay! – pensé. –Si me quieres...” Una de las asociaciones de palabras más manipuladoras y destructivas en una relación. Detesto ver a los jóvenes agredirse con ese tipo de explotación controladora. “Si lo quieres, le debes una actitud de sinceridad”, estuve tentada de decirle.

(...)

-Supongo que porque es inseguro.

(...)

-Sí, aparte está eso – me interrumpió-. Siempre quiere pasar tiempo con su familia. Son buenas personas, pero es como si no pudiera hacer nada sin implicarlos a ellos en todo lo que hacemos. Es como si fueran dependientes o algo así. Supongo que se pega igual a sus padres que a mí. Ahora que lo pienso es posible que toda la familia sea así. (...) La verdad es que no debería quejarme. Me tratan bien – Otra pausa. Era como escuchar una pelota de ping-pong; el vaivén entre la rabia y la culpa-. Quiere que nos casemos.

(...)

-Cariño, eso es una buena noticia, pero como no te veo muy entusiasmada, no voy a felicitarte. Está claro que tienes dudas. Tienes que estar segura de que el matrimonio es lo mejor para ti, y también para Jim. Si a ti no te convence, al final tampoco será bueno para él

-Pero para Jim sería como la muerte que lo dejara. No quiero hacerle daño-gimió

-¡Ay, Dios – pensé -. Y ahora eso. Si me dejas me suicidaré. – Me dieron ganas de decirle -: Echa a correr por piernas, Jennifer.

Con qué frecuencia nos provocamos sufrimiento a nosotros mismos en un vano intento de preservar a los otros. Ella prefería negar su verdad y su integridad por ‘amor’ a Jim antes que tratarlo como a un adulto capaz de bregar con su propio destino. Me resistí a decirle que no tenemos derecho a tomar esas decisiones por otros, a forzar nuestra distribución del tiempo por un sentimiento de compasión por el otro como si fuéramos padres que todo lo saben y éste un niño desvalido. Si la gran mayoría de nosotros a duras penas logramos librar con bien nuestras batallas, menos podemos luchar con eficiencia en las de los otros.

(...)

-Pero yo no quiero romper con él- se lamentó-. Al fin y al cabo, he invertido dos años en esta relación. No quiero volver a empezar de nuevo. Sólo quiero que él funcione por sí mismo y me deje un poco de espacio.

-Jen, sabes que no puedes casarte aferrándote a la esperanza de que alguien cambie- le dije-. Recuerda que no hay más que lo que uno ve. El matrimonio en sí acabará cambiándoos a los dos de una forma que no puedes concebir siquiera aún. No te puedes precipitar en él con la expectativa de cambiar a alguien... y lo mismo es aplicable a Jim. Si él espera cambiarte, se equivoca. Como dices, has invertido ya dos años. ¿Estás dispuesta a invertir el resto de tu vida?

Jennifer se encontraba en un dilema antiquísimo. Los hombres jóvenes van al matrimonio pensando que nada cambiará, que todo va a ser un camino de rosas para siempre, y las mujeres pensando que van a cambiarlo todo. Los hombres descubren que todo cambia y las mujeres que nada cambia.

-Plantéatelo de esta forma, cariño – continué -. De acuerdo con las estadísticas, te quedan seguramente otros cincuenta años de vida y podrías estar casada todo ese tiempo. Eso significa que pasarías otros dos mil seiscientos fines de semana con Jim. ¿Estás segura de que eso es lo que quieres?

(...)

A veces hablando no se resuelven los problemas, pero el solo hecho de oír una voz amiga de alguien que se preocupa puede aliviar el dolor hasta que llegue la solución.”

“Todo el mundo lo es (vendedora) porque, de modo inevitable, en toda relación individual se da una venta. (...) Uno quiere convencer a alguien para que acepte su punto de vista o actúe de la manera que uno quiere. El que siente pasión por algo se convierte automáticamente en vendedor de esa pasión. Sin vender no hay pasión; sin pasión no hay venta. Siempre que se intenta convencer a alguien, se está realizando una venta.”

“-Supongo que ésa es la desventaja de ser joven – continuó con talante filosófico Susan-. Esperamos que la vida sea justa. Seguramente, cuando uno es más viejo, se da cuenta de que no siempre lo es. Entonces se conforma con que sea cualquier cosa, con tal de que sea vida.”

“Un día estábamos arriba, y al siguiente, abajo, como si viajáramos sin parar en la rueda de la vida. Por tanto, no es que la lucha nunca se acabe, sino que es recurrente, de forma inexorable.”

“Jennifer había puesto en entredicho los valores de la abuela. Ella creía que constituyéndose en una persona recta que vivía con integridad quedaban resueltos todos los problemas de la vida. La abuela nos había dado lo mejor de su sabiduría. Sus lecciones tenían que ver con la manera de ser en la vida. Se trataba de un cimiento sólido, pero a cada cual le correspondía descubrir la manera de actuar, de recorrer el camino de la acción y de enfrentarse al mundo. Eso no significa que nunca vayamos a perdernos; las presiones y la confusión de la vida diaria nos hacen olvidar a veces el camino. Las lecciones de la abuela eran tan sólo la brújula que señala siempre al norte: el medio para encontrar el camino de vuelta a casa.

¿Qué es, pues, lo que me mantiene a mí en la brecha? (...)

Al final me di cuenta de que la respuesta era la pasión. Pensé en la rueda de la vida. Si uno se instala en el eje o en el cubo está a salvo, parado en una tranquilidad inmóvil, pero ésa no es la manera correcta de afrontar el mundo. Expresar un “sí” apasionado y participar en la vida implica efectuar un salto de fe hasta el borde de la rueda donde uno se encuentra en los ciclos de subida y bajada. Para decir “sí” se precisa valor, y también para mantenerse en la rueda, a pesar de sus vertiginosos giros.

(...)

Es la pasión la que nos da la fuerza para soportar los baches y el caos con los que inevitablemente se topa en los caminos, y más cuando no hay ni camino.”

“Entonces me acordé de un bloque de quilt que había visto años atrás, denominado Maraña de zarzas. Siempre lo reconocía porque a menudo lo confundía con el bloque Montañas deleitables. Presentan piezas parecidas y, de hecho, son variaciones de un mismo diseño compuesto por cuadrados y triángulos de ángulo recto. En Montañas deleitables, los triángulos que representan las montañas van seguidos en una ordenada fila, encarados en un mismo sentido, como una cadena de montañas. Podrían simbolizar un paraje sagrado de sabiduría donde la lucha por la superación conduce a una mayor proximidad con el cielo. En Maraña de zarzas, las mismas piezas se alternan boca arriba y boca abajo como la caótica y espinosa masa de vegetación a la que alude. Tal como saben conejos y corderos, es difícil pasar por una maraña sin dejar una reveladora muestra de pelambre tras de sí.

Esa noche decidí que mi siguiente bloque de quilt sería Maraña de zarzas, porque de la confusión podía extraer las mismas piezas básicas y reorganizarlas para que fueran Montañas deleitables. De un negativo e irritante zarzal podría brotar la montaña de la serenidad y la gracia. ¿No era aquella la respuesta a la dualidad y el misterio de la vida? De los retos y el caos surge, con esfuerzo, el orden. De la confusión, la paz y la sabiduría. Nuestro cometido es mantener una visión clara, ver con los ojos del amor y la comprensión tanto lo positivo como lo negativo, desplegar los contrarios dentro de nuestro ser. Ahí estaba el final del ciclo de bajadas y subidas continuas entre la lucha y el éxtasis.

“Aprendí que si uno se mantiene en un camino recto, sin desviarse, al final llegará a un sitio conocido.” (En medio de un maizal, en la vida no sé yo...)

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