15/11/10

Fragmentos de Las noches oscuras del alma (w)





Amor a medias

(...) Palabras de James Joyce: “La cordura se halla en el caos”. Algo está ocurriendo en este enojoso callejón sin salida. Buena parte de los trabajos de alquimia de C. G. Jung se remonta a su idea de que el proceso de convertirse en persona empieza con una situación conflictiva. Si no existe ninguna situación conflictiva en su vida, quizá deba buscarla. La mayoría de nosotros no tenemos que esforzarnos en dar con ella.

Por tanto, no me chocó que este hombre se sintiera atrapado en una complicada situación, pero me sorprendió comprobar que lo que le preocupaba era el sexo en lugar del deseo de estar junto a la persona que amaba. Si ambos tenía una relación sexual, el hombre seguiría estando en un triángulo y, a mi modo de ver, no habría adelantado nada. Quizá el hecho de estar en un triángulo le incomodara menos de lo que me incomodaría a mí, pero sospecho que hay algo más. A menudo cuando estamos enamorados no tenemos claro qué es lo que buscamos. El intenso entusiasmo que nos inspira una nueva relación quizá no sea sino afán de experimentar un intenso entusiasmo.

Estas dos personas han establecido un sistema que de momento les da resultado – ambos están casados y mantienen una relación asexual -, lo cual satisface mínimamente su pasión y responde a su necesidad de ser leales a sus cónyuges e hijos. Se sienten frustrados en relación con su amor, pero lo suficientemente satisfechos para seguir en esa situación. No obstante, un triángulo tiende a expandirse, y el hombre que me ha escrito la carta siente el deseo de cambiar.

Yo le animé a analizar el importante papel que desempeñaba Eros en su vida. Cuando la pasión se centra fuera de las estructuras normales, suele indicar que algo no funciona en el status quo, en el trabajo, en el hogar, con los amigos o la familia. Le aconsejé que utilizara su frustración para estimular su imaginación y replantearse el conjunto de su vida. Con nuestra mentalidad moderna, tendemos a separar el significado de la emoción. No comprendemos que nuestras pasiones tienen que ver con el hecho de que le vida tenga sentido. Asimismo, tendemos a centrarnos en el problema que nos ocupa, como si se tratara de un mal funcionamiento mecánico que necesitara ser reparado. A menudo no nos percatamos de que todas las partes de la vida están conectadas, y que los problemas en un área pueden indicar un cambio en otra.

(...) Es muy sencillo: el amor nos invita no sólo a compartir nuestras personas, sino nuestras vidas. En la creación de una vida juntos, conviene comprender que el amor necesita expandirse, incluir a los amigos, las familias, el trabajo, las ideas y las culturas. A menudo las personas esperan que la vida se configure inconscientemente, en lugar de cultivar las diversas áreas como partes de un todo. Quizá se percaten de esas necesidades demasiado tarde, o no lleguen a comprender nunca las raíces de su insatisfacción. De modo que se embarcan en una nueva relación con otra persona.

(...)

La expansión del amor

Los psicólogos jungianos, como Adolph Guggenbühl-Craig, consideran el matrimonio como un medio de individuación. A través de los avatares del matrimonio, forjamos nuestra personalidad. Yo añadiría que el matrimonio no sólo tiene que ver con la psicología de cada individuo, sino con el establecimiento de una asociación creativa que repercute en un trabajo bien realizado, una familia estable, un círculo vital de amigos y vecinos y, en última instancia, hasta en una nación más madura. Nuestros esfuerzos personales en materia de amor inciden en el mundo en el que vivimos, no sólo desde el punto de vista sentimental sino reforzando el carácter y dando profundidad a las personalidades que crean la cultura.

(...) El matrimonio y otras relaciones íntimas constituyen el crisol en el que nuestra alma madura y nos permite ser una persona creativa, ética y comprensiva en otras áreas.

Teniendo en cuenta estos aspectos sobre el amor, no debemos tratar de resolver las noches oscuras del amor esforzándonos en crear una relación más satisfactoria. Debemos centrarnos en el alma, reforzarla y hacerla más profunda. En mi consulta he visto a muchas personas padecer los tormentos del amor y superarlos no a través de un ideal sentimental de armonía y compatibilidad, sino con el afán de vivir y trabajar y contribuir a la sociedad. Quizá convenga que el amor se incube durante un tiempo en un nido aislado de la vida, pero al fin este amor que se ha incubado durante largo tiempo puede extenderse hacia fuera, hacia un mundo que necesita urgentemente que aprendamos a mantener relaciones maduras.

Conflictos masoquistas

Con frecuencia la noche oscura del amor es dolorosa porque una persona depende por completo de la voluntad de otra de fomentar esa relación. Esperar a que las compuertas del amor del otro se derrumben es otro ejemplo de masoquismo. Uno tiene que ser infinitamente paciente mientras espera a que la persona que ama se decida a responder. El masoquismo puede continuar aunque uno acabe viviendo con la persona que ama. Siempre hay algo que el otro te promete pero no te da. En ocasiones el masoquismo constituye la base de la relación, no un determinado problema.

Este esquema representa un suplicio para muchas personas. Por supuesto, puede ser un medio para que un miembro de la pareja domine al otro, y es sabido que los poderosos y los sumisos a menudo se encuentran. La solución no consiste en que la persona impotente acumule suficiente ira y energía para hacer que cambien las tornas, sino rendirse ante algo más grande, la propia vida. El juego de poder de la pareja puede constituir un callejón sin salida utilizado como defensa para impedir que uno u otro miembro de la pareja viva con plenitud. Estas parejas se centran infructuosamente en sí mismas y evitan desarrollar una vida creativa en el mundo.

James Hillman critica el esquema de personalismo en la cultura contemporánea, explicándolo todo desde un punto de vista psicológico y centrándose en el perfeccionamiento del individuo. Yo deseo sumar mi protesta contra el excesivo hincapié que se hace en la “pareja”, la tendencia a reducir el significado de la vida al amor romántico. Uno de los numerosos problemas de este enfoque es el desengaño que se produce una vez consumado el matrimonio u otro tipo de relación sentimental. Las personas pierden su entusiasmo y sentido de propósito. Sus vidas se vuelven monótonas y aburridas porque ven la resolución del amor romántico como un fin en sí mismo, en lugar del comienzo de una vida en la que contribuyen a la sociedad.

(...) Como ocurre con frecuencia, no se le había ocurrido relacionar sus problemas en el trabajo con sus problemas en el hogar. Daba la sensación de no saber nada sobre la vida. Parecía un niño que espera que el mundo le consuele y alivie sus sufrimientos. En algunos aspectos su infantilismo le daba cierto encanto, pero uno observaba enseguida su tormento interior y su tendencia, un problema frecuente entre masoquistas, a tratar de controlar a los demás.

Era una persona que necesitaba urgentemente un rito de pasaje de la infancia a la madurez. (...) Sus problemas conyugales no eran sino la punta del iceberg de una debilidad fundamental de espíritu.

No me resultó fácil hablar con él porque con frecuencia el masoquista está convencido de su virtud. Se considera la verdad personificada y piensa que el mundo le hace sufrir injustamente. Tuvimos que derribar esa barrera protectora para que aflorara su auténtica personalidad. No me refiero a que yo tenía todas las respuestas y enseguida adiviné su forma de ser. Pero vi las contradicciones. Tuve la impresión de que aún no había experimentado una noche oscura del alma. La mantenía a raya representando una falsa actitud de rendición.

Esta es otra interesante dinámica que hallamos en todo tipo de noches oscuras. Es preciso distinguir entre la resistencia a la noche oscura y la propia noche oscura. Las personas que tratan de evitar el dolor permanecen en un estado vacío y estéril, a la defensiva, precisamente porque no permiten que se materialice la noche oscura. La auténtica noche oscura es menos dolorosa que el hecho de resistirse a ella; una noche oscura posee más vida y menos ego.

Recientemente tuve una conversación con una amiga que suele ser víctima de la persona de la que se enamora. (...)

Pensé que mi amiga tenía que resolver su pasividad en otras áreas de su vida. Sus relaciones sentimentales eran excesivamente tormentosas y complejas. No poseía la visión ni la fuerza para modificar su actitud, pero podía realizar cambios necesarios en su trabajo y con respecto a su familia. A menudo los esquemas destructivos en las relaciones sentimentales reflejan la costumbre de renunciar a demasiadas cosas o identificarse con un sentimiento de impotencia. Con frecuencia es más eficaz afrontar esos problemas en otras áreas que en el terreno sensible de una relación sexual.

El masoquismo es una forma encubierta de control. La vida de mi amiga había permanecido durante años en un atolladero debido a su empeño en mantener todas sus relaciones serenas y ordenadas. Este sufrimiento controlado está lleno de ego y esencialmente impide el flujo natural de la vida. Cuando ese flujo es por fin liberado, aflora una profunda fuente de fuerza que destruye el masoquismo y crea la paradójica situación de fuerza a través de una rendición. Cuando por fin dejamos que la vida fluya a través de nosotros, descubrimos una calma y un coraje que no habíamos experimentado jamás.

El único método eficaz de resolver el masoquismo es dejar que corroa progresivamente nuestra voluntad. Si uno está enamorado de alguien que sabe que nunca le corresponderá, debe reconocer su pasión a sí mismo y a algunos amigos, y quizá también, con prudencia, a la persona en cuestión. Debe dejar que sus emociones le humillen hasta que éstas le liberen. Por último, debe rendirse ante la realidad: el amor al que aspira es inalcanzable. Es así de sencillo.

Esa rendición, por dolorosa que sea, permitirá que la vida siga fluyendo. Quizá no lo haga como usted había previsto, pero en cualquier caso lo hará de forma más inocua y satisfactoria que cualquier solución que usted pudo haber forzado. Estas son las lecciones de una noche oscura.