30/7/08

Vacaciones

Mis blogs se van de vacaciones...¡y yo con ellos!


Estaré ausente un rato, puede que largo, y me llevo conmigo mucho amor, el recuerdo de personas maravillosas, muchas experiencias y profunda gratitud.


Mis mejores deseos para todos y hasta la vuelta!!


20/7/08

¡Ah! También estoy harta...

... de que me pongan publicidad automática de todo lo que se relaciona con el nombre de Silvia estos de la publicidad automática del google.

Cuando nuestros propios recursos se vuelven contra nosotros


Blog attack!


Hace meses que este blog concreto de blogger (y no otros más recientes que también tengo) me lo pone cada vez más difícil. Para crear o editar MIS propias entradas en MI blog me pide "Verificación de la palabra". No contento con esto cada vez me pone más caracteres de distintas medidas, normalmente superpuestos unos con otros... ¿?¡¡


Me cuesta menos comentar en cualquier otro blog ajeno que ir sumando tontadas al mío propio. Pero... ¿qué le he hecho yo?


Claro que siempre puede perderse un par de horas clickando en "¿Por qué tengo esto?" en inglés y demás contrariedades técnicas, naaa... seguiré jugando a encuentra el tesoro con mi propio bichejo.


Encima debe ofenderse cada vez que subo una foto o miro otra página en otra pestaña antes de publicar la entrada, pues una vez activada otra ventana, aunque vuelvas, no te acepta la primera transcripción de caracteres y te muestra una segunda, con el consabido "Error" en una página en tonos rojos para llevarte cruelmente por un momento a aquellas primeras correcciones escolares de boli de maestra.


Je, je, je... es tan rarito como yo.


No sus fieis de la foto, hoy me lo han puesto facilito los de blogger...

Dibujos geométricos


Dibujo obsesivamente formas geométricas imaginarias en los elementos que me rodean cuando tengo unos minutos para observarlos. Los huecos visibles de pared que deja la estantería con arcos de la agencia de viajes, las paredes y techo que forman el rincón frente a la cama... todas las estructuras fabricadas por el humano sirven para ello. En zonas verdes no sirve, viva el verde.

7/7/08

Abstractia


El nexo entre efecto y causa es bastante lejano. Se acepta cualquier explicación pretendidamente técnica en la cual hasta palabras y sustancias inventadas pueden intervenir.

No es mío

Y la mano se deshacía en moléculas, y las células de la mano tenían vida, cada una tenía conciencia por sí misma, y las partículas de mi mano se mezclaban con las partículas de la pared

Lo he oído, he mezclado dos historias oídas

NUEVO ENFOQUE : FISICA CUANTICA Y CONCIENCIA

Jeremías escribía en su diario, mientras un té olvidado se enfriaba a su lado. Bolígrafo en mano y bajo el albornoz que se había convertido en su segunda piel, garabateaba en su mesita de la creatividad:

“Mar me había arrastrado literalmente fuera de mi osera, exponiéndome a la agresividad de las calles, los coches, la luz solar directa y, lo que era peor, ¡la gente! Deambulaban a montones, viva, de un lado para otro y hasta tenían la osadía de dirigirse de vez en cuando a nosotros, llenándome los oídos de agudas palabras huecas o graves y muertas quejas. Por más tiempo que permaneciera aislado del mundo, éste no cambiaba. ¿Por qué no caería de una vez un dichoso meteorito y nos llevaba a todos por delante? Así, al menos, tendríamos un final tan glorioso como el que tuvieran nuestros tatatatatatarabuelos los dinosaurios.

Todavía fue peor al llegar a la sala de conferencias, con aquel bullicio de gente y Mar muac muac y venga muac y bla bla bla. Me descubrió tras la papelera y vuelta a arrastrarme pasillo adentro hasta dejarme tranquilito ¡al fin! en una mullidita butaca con el tapizado en rojo. Enseguida me invadieron una serie de asociaciones entre el color rojo y la subida de tensión que traté de ignorar. Últimamente no oía hablar más que de cromoterapia, aromaterapia y todas las apias.

De pronto va una señora y se pone a hablar, interrumpiendo toda discusión conmigo mismo.

Entonces ocurrió.

Contó como el universo es en realidad un todo energético, indivisible; y cómo podríamos imaginar un gran entramado de líneas que se cruzan interceptándose en infinitos puntos. Como uno de esos puntos podría ser la Vía Láctea, el Sistema Solar, el Planeta Tierra, nuestro continente, nuestro país, nuestra ciudad, barrio, casa, yo mismo o, incluso, una situación concreta de mi vida. En cada momento, infinitas líneas se cruzaban para “crear” ese punto, ese momento. Infinitas líneas, infinitas tendencias, infinitas influencias, todo energía alrededor. Estas líneas imaginarias formarían infinitas formas geométricas, y cada forma geométrica estaría, a su vez, relacionando sistemas, espacios físicos como países o personas, o momentos de nuestra vida. Habló de la relación de todo con todo, animales, plantas, minerales, e incluso todo lo demás, como los objetos sin vida aparente, pero sí movimiento energético, pues todo estaba compuesto por energía, y esta estaba en continuo movimiento. Sin este movimiento, dejaría de existir el objeto en cuestión, desaparecería sin más.

Introdujo el concepto de ritmo. El universo, la naturaleza, todo es dinámico, la energía es dinámica. El estancamiento es muerte y descomposición. Habló de la relación de ritmo, música y matemáticas.

Citó a Larry Dossey y su obra ‘Tiempo, espacio y medicina’. También a Fritjof Capra y ‘El tao de la física’, y otros que ahora no recuerdo.

Hizo una pequeña referencia a Bert Hellinger y su sistema de constelaciones familiares, lo que hizo sonreír de satisfacción a Mar que me miró como diciendo “¿ves, ves?”.

Psicología transpersonal, según creo. Como si uno de nosotros fuera sustituido en esos talleres por un representante. Este último comenzaría a sentir, pensar y tendería a actuar de la misma manera que nosotros. Lo documentó con una serie de casos clínicos citando a un psicólogo allí presente que próximamente moderaría un taller en el que Mar participaría. Esto llevaba a muchísimas preguntas, pero quizá la más obvia, la más esperanzada para los que, como yo, se autocastigan continuamente, es la siguiente: ¿somos realmente tan libres en nuestras decisiones y actuaciones? Ya sabemos que estamos influidos por multitud de fuerzas, variables, etc. Pero también tenemos siempre facultad para elegir, libre albedrío, ¿o no? Por supuesto, era obligado un repaso a las teorías filosóficas sobre el tema que, afortunadamente para mí, fue más bien ligero, pero lo suficiente como para echar más luces sobre el asunto, no dando quizá respuestas, sino suscitando a la reflexión y la opinión.

Me encantó que alguien fuera capaz de sacarme de aquel patético estado, hacer que me interesara profundamente en algo y que comenzara en mi cerebro ese maravilloso proceso de hacer preguntas e interrelacionar cada vez mayor cantidad de información que da lugar a nuevas preguntas y nuevas interrelaciones, y así hasta el infinito.

Volvió al concepto de ritmo, de ciclos circadianos, de constantes corporales, y habló de cómo cada célula de nuestro cuerpo se renueva periódicamente. Esto no era nuevo, pero sí como se ha podido comprobar que nuestros átomos de carbono – y otros – se intercambian constantemente con el entorno, con los demás. La energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Cada equis tiempo, que varía de una teoría a otra, nuestro cuerpo se ha renovado completamente. La idea de que lo que un día fui yo hoy podría ser China, un árbol o mi perro me sacudió como un martillazo en plena cabeza. Mañana yo podría tener átomos de mi peor enemigo, una sustancia a la que en este momento soy alérgico o las paredes de mi casa. Quizá estaba sacando las cosas un poco de quicio. Desde luego, ella lo explicó con mucho más rigor científico, pero llevándolo a mi vida cotidiana era inquietante de veras.

Hizo una pequeña reflexión sobre la interrelación de todo, no, en realidad, todos éramos todo, es decir, no había separación en contra de lo que pudiera haber dicho Einstein y como quedó demostrado en un experimento ideado por él mismo. El experimento EPR (Einstein – Podolsky – Rosen) que en realidad pretendía demostrar que Bohr no tenía razón en su interpretación de la física cuántica, acabó demostrando justo lo contrario. Básicamente, en este experimento se elegía una pareja de electrones cuyas cargas entre sí se anulaban, por lo cual se sabía que cada uno giraba en sentido opuesto al otro. Como al hacer mediciones sobre un electrón se modifica la forma original de su giro y se determina exactamente sobre qué espín o eje gira, se separaron ambos electrones, haciendo mediciones sólo en uno de ellos. Exactamente en el momento de la medición, el electrón no medido determinaba también su espín y el sentido de su giro. Era imposible que dicha información viajara por un sistema y a una velocidad conocidos, incluida la de la luz. Este experimento produjo resultados idénticos llevando uno de los electrones a París mientras el otro permanecía en Norteamérica, o incluso observando uno en la Luna y otro en la Tierra.

Bajo este universo subjetivo que percibimos, en realidad no habría separación tal y como la percibimos con nuestros sentidos. Nuestra concepción de las cosas se basa en los datos que percibimos a través de nuestros sentidos y lo que de ellos resulta una vez pasa por los múltiples filtros de nuestra conciencia. Estos filtros varían de cultura a cultura, de familia a familia, de persona a persona e, incluso, de un momento de la vida a otro en la misma persona. Muchos son compartidos, otros no. Unos vienen dados por la educación, la religión, etc. Otros por nuestras experiencias. Todos necesitamos una estructura mínima para funcionar efectivamente: no podemos despertarnos cada mañana sin tener ningún concepto sobre cómo vestirnos o asearnos. Los actos más simples se automatizan y el individuo va adquiriendo recursos y un bagaje cultural, por así decirlo. Pero una estructura demasiado rígida nos asfixia, no nos deja crecer. Hay patrones de conducta que deben ir cambiando, otros muriendo, se adquieren otros nuevos. Hay momentos para “desconectar” de nuestro automatismo, pero lo necesitamos hasta para poder cruzar la calle sin ser atropellados. También tenemos un cuerpo físico del que debemos cuidar si no queremos sufrir, enfermar o desaparecer. No podemos ser como un cascarón vacío de todo concepto flotando sin más porque no somos plumas, sino seres humanos dotados de cuerpo, mente, emociones y más partes en que no entramos a conceptualizar porque sin duda daría lugar a otra conferencia.

Recapitulando, recibimos información a través de nuestros sentidos, pero también de otras fuentes. Nos hemos acostumbrado a depender casi únicamente de los primeros, olvidando los demás. Es necesario volver a conectar con esa parte interna de nosotros que parece tener la clave de nuestra propia existencia, la parte que contiene información del sentido de nuestra vida. Así como cada célula contiene en sí misma información de cómo debe funcionar y nace y muere con ella, incluso de cómo reaccionar ante cada estímulo que ‘percibe’. Cada ser humano comporta un complejo sistema de células, no es una información tan sencilla y única como la de cada célula, obviamente. Además, no debemos reducirlo sólo al aspecto bioquímico.

Se ha comprobado como una persona en estado de meditación profunda activa ciertas zonas de su cerebro, cosa que no ocurre en estado normal de conciencia.

Sabemos que el llamado factor humano influye de forma determinante en el desarrollo o cura de las enfermedades, que seres en idénticas situaciones manifiestan de diferente manera el mismo trastorno, o responden de forma distinta a los tratamientos. El afecto que reciben, factores educacionales y su propia forma de pensar influye de forma sorprendente, y esto puede documentarse con innumerables casos clínicos y publicaciones médicas.

Citó ciertos autores de libros budistas, de meditación, de yoga, maestros zen y otras experiencias tan positivas como anecdóticas dentro del marco del descubrimiento personal y espiritual.

Volviendo a la idea de la conexión con todo, o de que formamos un todo, apuntó algo sobre el hacernos daño unos a otros, o al planeta. Según este concepto, insultar o estafar a alguien sería como tirar repetidas veces una olla sobre mi propio pie. Hizo referencia a teorías metafísicas y de la nueva era sobre la ‘ley del boomerang’. Supuestamente todo lo que hacemos viene de vuelta, acciones positivas y no tan positivas regresan a nosotros con la fuerza con que las lanzamos, así que era mucho más recomendable lanzar sólo buenas acciones, pensamientos e intenciones, pues todas ellas siguen siendo una forma de energía que, no por no ser expresadas, son menos poderosas.

Pero en esto de ser buenecitos… ¿qué parte correspondía a nuestra grabación a fuego de la culpa y castigo que las religiones habían impreso en nosotros como método de control? ¿Qué ocurre con ciertas teorías – como las de Osho y algunos maestros de zen – según las cuales la moralidad sigue siendo producto de una visión dualista de la realidad proveniente de nuestra esquizofrenia? Hasta que el ser no se ilumine y trascienda esta dualidad volviendo a ser uno con el Todo, no actuará de forma consciente y no tendrá discernimiento real, seguirá separando entre opuestos (bueno – malo). Según Gurdieff, a través de Ouspensky, mientras la persona siga siendo inconsciente actuará de forma inconsciente. ¿Cómo se interpreta a San Juan de la Cruz en la subida al Monte Carmelo, lugar de plena realización espiritual? Las sendas de izquierda (sabiduría, inteligencia, fortaleza, ciencia, consejo, piedad, temor de Dios) y derecha (caridad, paz, longanimidad, fe, continencia, gozo, paciencia, bondad, benignidad, mansedumbre, modestia, castidad) no llevaban a ninguna parte; mientras que la senda de subida rezaba ‘nada, nada, nada, nada, y en el monte nada’ (por aquí no hay camino, que para el justo no hay ley).

Por último, y tras una explicación científica sobre la necesidad de la coexistencia de fuerzas opuestas para la existencia de cualquier cosa – polos positivo y negativo para la electricidad, por ejemplo – y su relación con una fuerza llamémosla ‘positiva’ y otra ‘negativa’ para la continuidad del universo, hicimos unos ejercicios de respiración y visualización guiada.

Cerré los ojos. Negro. Me di cuenta de que mi respiración era agitada y traté de calmarla. Después seguí las indicaciones de la ponente que nos invitó a dejarla ir y venir de forma natural. Negro. Me sentía más relajado… negro… negro… empecé a sentir como mis sensaciones corporales se diluían, perdí la sensación de tener un cuerpo físico. Negro… relajado… De pronto vi como unos puntos brillantes, líneas, se movían… era como un complicado sistema de puntos luminosos que formaban líneas, formas, yo no tenía cuerpo… Estaba simplemente allí, pero seguía siendo yo. En algún momento aquella inmensidad brillante pasó a formar parte de planetas, estrellas y yo mismo que observaba, flotaba, pero no estaba allí. Era allí. Todo era yo, inmenso, pleno, no era yo, pero podía observarlo, pensarlo, estaba dentro mía… no había dentro… no había mía… empecé a alejarme y la luminosidad disminuyó poco a poco… negro, negro, relajado, mi mano comenzó a picarme. ¡Mi mano! De nuevo pesaba, de nuevo estaba en mi cuerpo y toda la sensación de inmensidad, de milagro, de alegría natural y de pertenencia había desaparecido del todo.

Poco a poco abrí los ojos:

- ¡Mar! ¿Has visto, has…? – Mar me devolvía una mirada azorada y algo amenazadora. Creo que no compartimos la misma experiencia, pensé que la ponente tenía algún extraño poder para inducirnos a aquella especie de trance, pero a día de hoy no sé qué fue aquello que experimenté.

En el turno de preguntas un chico con el pelo alborotado levantó la mano:

- ¿Y qué ocurre con la sensación de frustración, de desencanto, de que la vida no tiene sentido y nada nos estimula?
- Buena pregunta, gracias por tu participación. Verás, lo primero será distinguir por la naturaleza, duración e intensidad de este sentimiento ante qué estamos. Evidentemente, si actuamos como creemos más correcto, tenemos todo cuanto podemos necesitar, hacemos lo que se supone que debemos hacer para ser felices, nos cuidamos a todos los niveles, etc. esta sensación no tendría que estar ahí, ¿cierto? Falso. Por el contrario, pongamos por caso a la persona que, una vez llegado a este punto, ha entrado en crisis, ha reorganizado su vida para adaptarse a sus nuevas necesidades, quizá ha descubierto que una conexión con su parte espiritual a través de la meditación y todo lo que antes comentábamos le es útil e incluso indispensable. Ha superado la crisis con un nuevo sentido, acabó la noche oscura del alma y comienza el nuevo día. Se ha desecho de viejos patrones que ya no le eran útiles y quizá ha descubierto otros nuevos. Realmente no es un proceso únicamente mental, algo ha cambiado, pero no podríamos enumerar qué cosas. El sistema se ha reorganizado, ha saltado a un nivel superior de frecuencia. Bien, todo parece perfecto. No tendría sentido volver a sentir esa sensación de desencanto con todo, de vacío, de querer dejarlo todo y salir corriendo, ¿cierto? Falso.
Es este un proceso que se da una y otra vez a lo largo de la existencia de todo ser vivo. Evidentemente, cada sistema lo vive a su manera, pero todos los procesos obedecen a algo tan viejo como la propia vida. Un sistema en equilibrio es sacudido repentinamente y, o bien deja de existir, o bien supera la crisis reorganizándose, adquiriendo una complejidad mayor, adaptándose a la nueva situación. Es la evolución. Recordemos, nada estancado permanece, todo sigue un ritmo, un movimiento. Nos mantendremos sanos, hablando en términos globales y no exclusivamente de salud física, inseparable por otra parte de todos los demás factores – mentales, emocionales, etc. – si seguimos el movimiento natural, el curso natural del río de la existencia.
El concepto tradicional de salud como no estar enfermo jamás es contrario a este principio de dinamismo. Si un niño no enfermara no desarrollaría defensas, el sistema inmunitario necesita desarrollarse. La homeopatía, por ejemplo, estimula al organismo para que, por sí mismo, vuelva al equilibrio y aprenda a superar la enfermedad.
Volvamos a la pregunta. Esa sensación de vacío o no-sentido puede mantenerse en el tiempo sin que el sujeto pueda o sepa reaccionar adecuadamente ante ella, o puede superarse en un período de tiempo variable, que puede ir desde unos días o semanas – siendo algo transitorio que no ha provocado un cambio significativo en el sujeto – a meses, provocando el inicio de este proceso ‘perturbación – reorganización del sistema – sistema más complejo – vuelta al equilibrio’.
Podríamos estar ante una depresión, ante una frustración momentánea o ante una crisis existencial que, vivida en toda su profundidad, será una de las experiencias más enriquecedoras por las que podamos pasar. Y recordemos una vez más que no es ‘culpa’ del sujeto, que sabe o no sabe, se atreve o no se atreve, está o no lo suficientemente evolucionado espiritualmente para salir de ella a este o aquel ritmo. Pensemos en la relativa libertad de movimiento que tenemos. El punto en el entramado de líneas que nos define en ese momento, ¿recordamos? Por supuesto que hay cosas prácticas que podemos hacer: cuidarnos al máximo, no ponernos metas desproporcionadas, ni plazos, evitar todo lo que vivamos como agresivo o perturbador pues estaremos inusualmente sensibles, buscar consejo, información, probar diferentes técnicas hasta hallar la que nos ayude (puede ser una combinación de varias). Estas técnicas pueden ir desde el masaje a una buena charla, pasando por terapia, paseos en entornos naturales o hacer nada en absoluto. Esto último requiere una fuerte dosis de valentía, pues enfrentaremos nuestros sentimientos y es la forma más directa de traer a la conciencia el origen de la crisis, si permitimos que el cambio opere en nosotros. Pero debemos tener en cuenta que hace falta la entrada en nuestro sistema de una información nueva, de la que no disponemos, así que puede que remitirnos únicamente a nuestros propios recursos sea contraproducente. Hay que equilibrar entre evitación del conflicto (cargándonos de actividades-terapia o depositando la responsabilidad de nuestra curación en los terapeutas) y negación de ayuda (para afrontar las sensaciones que nos estan acometiendo, cosa necesaria, será mejor hacerlo en dosis de las que seamos capaces, y ayudarnos, mimarnos incluso con lo que ya hemos mencionado o el propio sujeto elija para proporcionarse cierto alivio – para poder introducir los cambios necesarios después, más serenamente –).
Lo más importante es recordar que es normal, natural, necesario y profundamente enriquecedor para nosotros vivir esa experiencia en la mayor profundidad posible.
Vuelvo a citar a Larry Dossey cuando en su libro ‘Tiempo, espacio y medicina’ expone la Teoría de las estructuras disipativas del químico Ilya Prigogine, que obtuvo con ella el Nóbel en 1977. Nos explica este orden natural del que venía hablando, de cómo un sistema en equilibrio es perturbado por una sacudida y, si consigue superarla con éxito, evolucionará hacia un sistema más complejo. Es la evolución.

Una señora intervino tras unos segundos de silencio:

- ¿Qué ocurre con las disputas, los enfrentamientos?
- Peleas entre personas.
- Sí, exactamente.
- Son luchas de poder, luchas por la energía. Todos queremos sentirnos bien, pletóricos de energía, y además necesitamos que nos aprecien, nos valoren, sentirnos con fuerza, ‘vidilla’ o como lo llamemos. Queremos tener energía y curiosamente se da una mecánica en que se intenta atrapar esa energía de otras personas. Si un ser está en equilibrio con su entorno realiza este intercambio energético de forma natural, con todo lo que le rodea. No está abajo, no está arriba o eufórico, sino en un término medio, natural. En un momento en que esta cantidad de energía disminuya es capaz de aceptarlo y seguir su ritmo natural de retirarse, protegerse, y repostar hasta que se sienta de nuevo en un ritmo energético mayor. Las personas no nos conformamos, queremos estar siempre arriba y mientras más arriba mejor. Es lo que nos venden, hay que ser fuerte, dinámico. El día que uno está más débil, flojo o desanimado lo hinchan a vitaminas o pequeñas dosis de supuestos bifidus para seguir comportándonos como tractores humanos: así es el ejército del éxito en nuestro siglo. Esto no es natural, de hecho es contraproducente. Cuando no respetamos nuestros ciclos naturales y paramos a repostar con un simple descanso, quizá disminuyendo nuestras actividades sociales un par de días, forzamos el sistema y este puede enfermar. Además nuestra actuación en contra del ritmo natural por regla general será incoherente e improductiva. Para poder mantener este punto alto de esta llamémosla ‘noria energética’ la persona tiene que obtener más energía que, de forma natural, ya no puede conseguir. La única manera que le queda es intentar sustraerla de las personas que tiene a su alrededor. Esto lo hace captando su atención, atrayendo sus miradas, imponiendo su opinión o incluso haciendo sentir dominado al otro, que inmediatamente pasará a cederle su energía, viéndose a su vez imposibilitado de frenar este ataque. Cuando nos vemos implicados en una dinámica energética de este tipo, lo que en realidad estamos haciendo es dejarnos arrastrar en esta lucha por la energía. Te quito energía y vas tras de mí, puedo manejarte a mi antojo. En un momento débil mío vuelves a recuperarla y tengo que volvértela a quitar, o a otra persona, convirtiéndose en un círculo vicioso y altamente perjudicial para nuestras relaciones y para nosotros mismos. Podemos observar los movimientos de la energía, practicando como quedarnos fuera de estos juegos. Es fácil verlo en grupo, donde no estamos enfrentados a una única persona y sería más difícil distanciarnos de nuestros sentimientos lo suficiente como para que no nos veamos arrastrados en este juego por el poder. Cuando reaccionamos de forma previsible somos muñecos en manos de otros. Un buen trabajo personal, que puede conseguirse, insisto, a través de la meditación, es ir desconectando uno a uno estos resortes automáticos que saltan cegándonos. Al intentar defender a ultranza nuestro amor propio, nuestra opinión, etc. nos convertimos en esclavos de nuestras emociones. A estas no hay que reprimirlas ni ignorarlas, pero sí educarlas, redirigirlas, canalizarlas de la forma apropiada. Por ejemplo, son la mejor fuente creativa que encontraremos, pero no nos ayudaran a resolver conflictos en que nos vemos cegados de ira o pasión.
Lo mejor, sobre todo en situaciones en que previsiblemente nos veremos afectados o incitados a participar en una discusión, es permanecer frío y observador los momentos antes de que ésta se desencadene. Una vez iniciada la provocación, si seguimos observando y con la práctica, veremos que se ha convertido en una mera elección dejarnos arrastrar por nuestras emociones o no, A lo mejor hasta ya ha dejado de ofendernos terriblemente aquello que antes nos sacaba de nuestras casillas. Ganaremos en paz y salud. Nos sentiremos mejor, como si todo encajara y todo lo que hacemos fuera fácil y casi perfecto. Nuestras vidas serán más efectivas y tendremos más energía útil para aquello que necesitemos. Aprenderemos sobre nosotros mismos y nuestros ciclos. Les aseguro que el regalo es infinito, y el camino nunca se acaba. Cada nueva sacudida en el sistema traerá nuevas respuestas, recuerden. Si intentamos saltarnos el proceso, o evitarlo, volverá de forma más fuerte o quizá lo somaticemos en nuestro cuerpo. Tampoco hay leyes fijas, no nos obsesionemos. Hacemos lo mejor que podemos con la conciencia de que disponemos en cada momento. Que cada uno encuentre sus propias respuestas.


Y esto sí que lo escribí yo, hace mucho


No se me ocurre mejor día para publicarlo que hoy que estoy abstractia

La gran revelación...


...está en las dos pruebas iniciáticaaaas.




Para poder acceder al misterioso reino de lo que piensan los que no piensaaaan