9/10/08

Amor contra apego





AMOR CONTRA APEGO.
Distinguir el cuidado genuino de las proyecciones poco realistas.

A todos nosotros nos gustaría tener sentimientos positivos hacia los demás. Sabemos que el amor es la raíz de la paz en el mundo. ¿Qué es el amor y cómo lo podemos desarrollar? ¿Cuál es la diferencia entre amar a las personas y estar apegado a ellas?

El amor es el deseo de que los demás sean felices y de que posean las causas de esa felicidad. Al haber reconocido de un modo realista la bondad de los demás así como sus defectos, el amor se concentra en su bienestar. No tenemos motivos ocultos para satisfacer nuestro egoísmo; amamos a los demás sencillamente porque existen.

El apego, por otra parte, exagera las buenas cualidades de los demás y nos crea ansia de ellos. Cuando estamos en su compañía, somos felices; cuando estamos separados de ellos, nos sentimos tristes. El apego está arraigado en expectativas sobre lo que los demás deberían ser o hacer.

¿Es el amor como generalmente se entiende en nuestra sociedad, verdadero amor? Antes de conocer a las personas, nos parecen extrañas y nos sentimos indiferentes hacia ellas. Después de conocerlas pueden convertirse en seres queridos hacia quienes sentimos emociones intensas. Observemos más de cerca cómo las personas se convierten en amigos.



Foto reciente de la monja budista Thubten Chödron.

Generalmente nos sentimos atraídos hacia las personas, bien porque poseen cualidades que valoramos o porque nos ayudan. Si observamos nuestros propios procesos mentales, notaremos que buscamos ciertas cualidades específicas en los demás. Algunas de ellas son cualidades que nos parecen atractivas, y otras son aquellas que tienen un valor con respecto a nuestros padres, o a la sociedad en que vivimos. Examinamos en alguien su apariencia, su educación, su situación financiera y su posición social. Si lo que valoramos son las habilidades musicales o artísticas, entonces nos fijaremos únicamente en las personas que posean estas cualidades. Si lo que consideramos importante son las habilidades atléticas, nos sentiremos atraídos por las personas que las hayan desarrollado. Así cada uno de nosotros busca distintas cualidades en los demás y utiliza distintos criterios para evaluarlas.

Si las personas poseen las cualidades que se encuentran en nuestro "catálogo interior", las valoramos. Pensamos que son buenas personas, dignas de consideración. Nos parece que son grandes personas en sí mismas y por sí mismas, sin conexión con la evaluación que nosotros hacemos de ellas. Pero de hecho, porque tenemos ciertas preconcepciones acerca de las cualidades que son deseables y de las que no, somos los únicos que atribuimos a las personas el concepto de valiosas o dignas de consideración.

Asimismo, consideramos a los demás según se relacionan con nosotros. Si nos ayudan, nos elogian, hacen que nos sintamos seguros, escuchan lo que decimos y nos cuidan cuando estamos enfermos o deprimidos, las consideramos buenas personas. Esta es una visión muy parcial, ya que las juzgamos únicamente por el modo en que se relacionan con nosotros, como si fuéramos la persona más importante en el mundo.

Generalmente pensamos que si los demás nos ayudan son buenas personas; mientras que si nos dañan son malas personas. Si la gente nos anima, es maravillosa; si anima a nuestro enemigo, es detestable. No es su estímulo lo que valoramos sino el hecho de que esté dirigido a nosotros. Del mismo modo, si la gente nos critica, está equivocada o es desconsiderada. Si critican a alguien que no nos gusta entonces consideramos que son personas juiciosas. No ponemos objeción a sus críticas, a no ser que se dirijan a nosotros.

El proceso por el cual discriminamos a las personas no está basado en un criterio objetivo. Está determinado por nuestras propias preconcepciones de lo que es estimable y de cómo esa persona se relaciona con nosotros. Bajo este criterio subyace la suposición de que nosotros somos muy importantes y, por tanto, si los demás nos ayudan y reconocen nuestro sistema de valores, entonces son maravillosos en sí mismos y desde sí mismos.

Una vez que hemos juzgado a ciertas personas como buenas, cuando las vemos nos parece que su bondad proviene de ellas. Sin embargo, cuanto más desarrollemos nuestra atención, mejor reconoceremos que estamos proyectando esta bondad sobre ellos.

Si ciertas personas fueran objetivamente valiosas y buenas, entonces todos los demás las verían del mismo modo. Pero alguien que nos gusta puede desagradar a otra persona. Esto sucede porque cada uno evalúa a los demás basándose en sus propias preconcepciones y prejuicios. Las personas no son maravillosas por sí mismas y desde sí mismas, independientemente de nuestro juicio sobre ellas.

Al proyectar la bondad sobre ciertas personas, nos formamos unas concepciones fijas sobre quiénes son, que nos llevan a apegarnos a ellas. Algunas personas nos parecen casi perfectas, y anhelamos estar con ellas. Cuando deseamos estar con las personas que nos hacen sentir bien, nos convertimos en yoyós emocionales: si estamos con esas personas nos sentimos animados; y si no, nos sentimos tristes.

Además, elaboramos preconcepciones de lo que serán nuestras relaciones con estas personas creando expectativas sobre ellas. Cuando no corresponden a nuestras expectativas, nos sentimos decepcionados o enfadados. Queremos cambiarlas de modo que se adapten a lo que nosotros pensamos sobre ellas. Pero nuestras proyecciones y expectativas provienen de nuestra propia mente, no de las otras personas. Nuestros problemas no surgen porque los otros no sean lo que pensamos que eran, sino porque erróneamente pensamos que eran algo que no son.

7 comentarios:

Manel dijo...

Pero como anillo al dedo.

Hay que abrir bien los ojos para ver quien está a nuestro alrededor.

Besos.

Silvia dijo...

Bueno, yo lo que quisiera es poder sentir amor en lugar de apego, es decir, desear la felicidad del otro, de la otra, de los otr@s, la mía por supuesto...

Besitos., ;D

Manel dijo...

Siiiiii eso es.

Besos.

Fernando dijo...

el amor no es sólo una emoción de tiempo...a veces es una ausencia, un deseo, un tsunami que te eleva o te destroza...o no...quizás los hay contemplativos y otros pasionales...elijamos nuestro camino.

Silvia dijo...

pues claro, para eso está el libre albedrío.

De ser totalmente libre de elegir y no tener mil y una ataduras internas, psicológicas, etc., yo elegiría éste, que no tiene que ver con ataduras psicológicas que derivan en sufrimiento, con expectativas irracionales y basadas en necesidades de las que no soy del todo consciente (que siempre tendremos, pero mejor conocerlas, cubrirlas con conocimiento de causa), etc.

De todas formas, esto suena a meter la vida en una especie de agenda emocional y no se trata de eso, sino de un entendimiento más profundo de lo que nos mueve y por qué, el conocimiento nos trae libertad; de lo contrario, somos como títeres de nuestras propias emociones.

Por supuesto, es una opinión personal.

La tuya es muy poética, como no podía ser menos.

Un saludo, Fernando.

kalocho dijo...

me gustaria saber que estrategias o herramientas utilizo para desapegarme de alguien con quien sufro kalocho63@gmail.com

Silvia dijo...

Pues te recomiendo el libro "mujeres que aman demasiado" de Robin Norwood, que vale para hombres a pesar de llamarse así y muchos otros títulos de autoayuda o psicología que pueden venirte bien.

En mi blog de psicología algo más he dicho sobre este tema concreto:

http://apuntesdepsicologia-silvia.blogspot.com/2008/10/codependencia.html

Mucha suerte y mucha fuerza ;)