23/9/08

Llena tu vida de pasión...



(Artículo publicado en "Vivir con plenitud", nº54, extra de Psicología)

LLENA TU VIDA DE PASIÓN... PERO QUE SEA DE LA BUENA

Las pasiones nos hacen sentir intensamente vivos, pero algunas embriagan tanto que terminan convirtiéndose en obsesiones que destruyen. Distingue las buenas de las malas para potenciar tu libertad y tu creatividad.

(...)

La realidad que percibimos parece ser elástica, muy sujeta a nuestro sentir. Si estamos tristes creemos que el mundo es un lugar molesto. Salimos a la calle y cualquier cosa nos incomoda, nos volvemos hipercríticos, las personas parecen emanar amenazas o incomprensión. Sentimos que el mundo no vale la pena o que es un lugar hostil. Sin embargo, si estamos alegres creemos que vivir es maravilloso, nos apetece salir, hablar con la gente... En suma: nuestro juicio acerca de las cosas está sometido a los sentimientos.

(...)

Pero hay veces en que los procesos de análisis - característicos de la razón - se tornan imposibles. Los sentimientos nos desbordan por completo, dejándonos a merced de fuerzas que tiran de nosotros. Entonces no podemos frenar y dejar que escampe la tormenta. Nos sometemos a ella convertidos en esclavos de situaciones que, paradójicamente, creamos nosotros mismos, de las fuerzas inconscientes que hemos arrojado al mundo que nos rodea. La razón ha sido superada por la pasión.

La pasión es, en este sentido, un estado interior en el que los sentimientos se elevan a su máximo exponente y ocupan el lugar destinado a darnos cuenta de las cosas.




Te odio porque te quiero


(...)

Si la razón es, por definición, un límite, la pasión es infinita. Estar enamorado y odiar son estados pasionales de la consciencia. (...)

El amor es altamente racional, no así el enamoramiento. Cuando estamos enamorados no sentimos amor; más bien nos sumergimos en él: vivimos en-amor. Todo lo inconsciente que habita en nosotros se deposita en la persona amada, que se convierte a nuestros ojos en un Apolo o en una Afrodita. (...)

En el inicio de los estados pasionales, lo que determinará en gran medida los acontecimientos posteriores es lo que uno espera y necesita de la realidad (se plantea un ejemplo de relación chica-chico).

Veo lo que deseo ver

La relación avanza y empiezan a hablar. Naturalmente, quien busca siempre encuentra, sobre todo si quiere encontrar. La chica hace un comentario sobre la independencia y Alberto confirma sus deseos, saca sus conclusiones y se dice a sí mismo que es la mujer de su vida. Paralelamente, los mismos mecanismos han estado operando en la mente de ella. Quedan para tomar una copa. Todas esas expectativas ya están dominando la consciencia de los dos (sus respectivos mundos interiores).

(...)

Pero al estrechar un poco más los lazos empiezan a fallar cosas. Mundo interno y mundo externo se confrontan. Discusiones, contradicciones y, tal vez, ruptura por incompatibilidad. (...)

¿Qué podemos hacer para no dejarnos arrastrar por esas turbulencias? Intentemos ponerles letra. Las palabras nos ayudan a delimitar (definir) expresiones emocionales. (...) Escribamos, hablemos, cantemos. Al dejar que la razón dialogue con la pasión podremos entender mejor lo que sucede en nuestro interior.


Separa necesidad de realidad

Náufragos en un océano de dudas, debemos preguntarnos qué esperábamos y necesitábamos de una persona o situación. Así retomaremos lo que fue nuestro pero expulsamos al mundo exterior.

Para Alberto, aquella chica era poco más que una invención. Ese fue el error. Para recuperar las riendas de su pasión desbocada debe intentar ver todas las cualidades de ella, tanto las que le gustan como las que no. Sólo así podrá separar lo que él espera (su mundo interior) de lo que la chica es en realidad (mundo exterior). Si utilizamos la razón en este sentido, podremos delimitar mucho mejor la realidad que tenemos delante, para no tropezar una vez más con nosotros mismos.

Además, dejarse llevar por una pasión alimentada por nuestra fantasía provoca grandes decepciones y frustraciones para ambas partes, ya que es muy difícil que la persona en la que hemos depositado nuestro apasionamiento pueda cumplir unas expectativas no realistas.

Por eso, muchas veces pasión es sufrimiento, un estado alterado y casi patológico que nos obliga a ir por caminos que no nos gustan. Sucede cuando necesitamos excesivamente algo para poder estar bien, para poder sentirnos llenos. De ahí se derivan los celos, el odio, la dependencia, el rencor, la ira...

Por tanto, es fundamental no confundir necesidad con pasión. La primera siempre revela un vacío interno, algo que nos falta y que queremos "rellenar" con lo que nos rodea, una compensación de una zona oscura de nuestro interior. Si no la detectamos a tiempo, esa necesidad nos puede conducir directamente a estados pasionales altamente perjudiciales para nosotros y para las personas que nos rodean: el odio o la coacción de la libertad de los demás.

(...)

Pasiones constructivas

La pasión constructiva es la otra cara de la moneda. Ya no nos mueve la necesidad, sino la voluntad, el compromiso. No hay carencia interior, sino deseo de descubrir, de aprender o de explorar. Si antes hablábamos de posesión y de esclavitud, ahora hablamos de liberación y de creatividad.

¿Quiénes la viven? Quienes se han sumergido en sí mismos para entender cuáles eran sus carencias y convivir con ellas, en vez de ocultarlas o compensarlas con un mundo exterior pretendidamente a su medida. Saber dónde se encuentran nuestras limitaciones nos ayuda a descubrir la libertad y a vivir sin miedos, con entrega y auténtico disfrute. Y, a partir de aquí, un mundo repleto de experiencias por compartir, de metas con las que comprometernos se abre ante nosotros. Exploremos mediante la pasión lo ilimitada que puede ser la creatividad humana cuando no estamos sujetos a ataduras o - como apuntaba Erik Fromm - a invisibles cadenas interiores.



Mejor no pasar de nada.


La indiferencia parece estar de moda. Hoy ser tibio, indiferente, inconmovible, es casi moderno y de buen gusto. Pero es una actitud oscura que poco tiene que ver con la racionalidad. A menudo se disfraza de suficiencia, de imparcialidad o incluso de "cinismo inteligente". Sin embargo, en la mayor parte de los casos se oculta el miedo: a sufrir, a perder, a sentir demasiado, a quedar en una posición de debilidad. Es el blindaje que escogemos para evitar el dolor, el rechazo, el fracaso, o para esquivar la reflexión y el afrontamiento de la realidad. Que la indiferencia y sus expresiones - cinismo, frivolidad, desapego - no te confundan: no te harán más fuerte ni te protegerán. Pero sí crearán un muro de insensibilidad, soberbia y desafecto entre ti y lo que anhelas: intimidad, pasión y el cumplimiento de tus sueños.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

la autoayuda es muy productiva para el autor de tanta ramplonería, se autoayuda económicamente con creces...

Anónimo dijo...

Este texto creo que alguien lo escribio para mi, es exactamente como me siento en estos momentos y exactamente las cosas que quiero descubrir.

Gracias por el.

Manel.
Bss.

Silvia dijo...

Anónimo: gracias por compartir tu opinión y saludos.

Manel: Me alegra verte por aquí ;) y que te guste y te sea útil (esto y wathever). Gracias a ti por el saludo y van besos!!