28/8/08

Arte-terapia (I)



de Pat B. Allen, editorial Gaia.

Fragmento del capítulo 2o:

EL CONOCIMIENTO DE LA PROYECCION


(La autora cuenta una relación entre ella - profesora - y una chica - alumna - que le crispaba los nervios de forma irracional).


"El incidente que acabo de describir es significativo porque se refiere a una relación desigual en la que, como profesora, yo tenía más poder. Luchar por comprender qué parte tenemos en esas relaciones es una responsabilidad de especial importancia. Los niños, los alumnos y los subordinados hacen salir aspectos de nosotros, los que hemos relegado, a los que Jung llamó la sombra. Las personas que se encuentran en una posición subordinada no siempre pueden discernir cuándo reaccionamos frente a ellas desde las luchas que tienen lugar en nuestro interior y que nosotros negamos. Por esta razón es primordial examinar lo que los terapeutas denominan "contratransferencia", es decir, los sentimientos inconscientes que determinan nuestro comportamiento en esas relaciones.


Las personas que provocan en nosotros fuertes reacciones son, frecuentemente, una fuente de imágenes de gran fuerza para nosotros. Esto es especialmente cierto cuando reaccionamos frente a ellas con una negatividad irrazonable, aunque también hay veces que hacemos ídolos de algunas personas que tienen rasgos positivos que somos incapaces de reconocer en nosotros mismos. La irritación o la idealización, como el grano de arena en la ostra, pueden producir la perla de la sabiduría. Más que tratar de dominar a las personas y de determinar el resultado que necesitas inconscientemente, piensa que estas personas son como maestros para ti. Piensa en una persona de tu entorno a la que hayas sobrevalorado sin razón o a la que hayas acosado injustamente. Si eres padre, hacer este ejercicio en relación con un hijo es muy útil. Si no, puedes hacerlo respecto de cualquier alumno o persona subordinada. Dedica unos momentos a reflexionar sobre las cualidades y el comportamiento de esa persona. Haz un dibujo. Puede ser muy sencillo. Exagera las características fastidiosas o maravillosas de esa persona: lo que buscas es llegar realmente al fondo de la cuestión. Considera la imagen por un momento como una autorretrato. ¿Qué reflejo de ti te devuelve esa persona? ¿Qué posee ella que, por la razón que sea, eres incapaz de tolerar conscientemente? ¿Qué puedes aprender de ello? ¿Qué surge como respuesta? ¿Aparecen recuerdos o sentimientos? ¿En qué se parece la situación con esa persona a algo que experimentaste en otros tiempos, cuando eras el miembro menos poderoso de una relación? Límitate a reparar en lo que surja. Llevar un diario puede ayudarte a seguir los hilos de los recuerdos.


Es posible que descubras que desaparecen la irritación o la idealización una vez que sitúas el conflicto en el reino de la imagen. Esto te libera para relacionarte con esa persona de una manera más sencilla y menos cargada. Y, lo que es más importante, te permite ver cuáles de tus propias cualidades requieren que les prestes atención.


En especial, los padres cargan un gran peso sobre sus hijos al transferir al niño inconscientemente aspectos de sí mismos que les resultan inaceptables. Esto es igualmente cierto si la transferencia es de un rasgo positivo: por ejemplo, el padre o la madre que idealiza la habilidad atlética o musical de un hijo y le exige que dedique una cantidad enorme de tiempo a perfeccionar na habilidad que el padre o madre nunca adquirió. Es evidente que esto es completamente distinto de un apoyo auténtico a los logros de un niño. Se produce un efecto deformador, ya que el logro no le parece auténtico al niño y el trabajo que le cuesta alcanzarlo es oneroso en vez de placentero. Son necesarios un discernimiento y un valor considerables para darse cuenta de que uno ha entrado en esta dinámica, pero la imagen te ayudará a conseguirlo.


Al ver la imagen como un autorretrato, tal vez reconozcas sueños no realizados que quizá estén todavía al alcance de tu mano en cierto modo. Si te dedicas a tratar de hacerlos realidad, tu hijo o tu alumno será más libre de convertirse en una persona auténtica y no en un auxiliar de tus necesidades.


Puedes realizar esta tarea cada vez que te encuentres luchando en una relación con un hijo, un cónyuge, amigo o compañero de trabajo en la que haya inherente un desequilibrio de poderes. La clarificación de la imagen separa lo que es materia personal de los auténticos desacuerdos y quita hierro a la naturaleza emocional de muchas peleas. Aunque nuestra intención es que cada uno aprenda más sobre sí mismo, una consecuencia habitual de ello es el aumento de la comprensión hacia los demás. Esta es otra tarea en la que el compartir la imagen debe hacerse con sumo cuidado, probablemente con alguien neutral y compasivo que no esté directamente implicado en el conflicto.