
Como todos los días cogió su escafandra. La salamandra patidifusa reposaba la panza al sol alegremente y las moscas zumbaban su serenata. Salió de la cabaña y tomó el camino hacia la fábrica de detergentes. Fichó con su filete y saludó a Elma, la apandabruja. Una vez en su rampa mecánica decidió tirar sus dos fenfletes.
Pobres fenfletes, se retiraron a la hamaca correspondiente. El resto de fenfletes esperaban su turno en hamacas similares. Una cocinera pasaba cada cierto tiempo a darles su dosis de chocolate. Algunos lloraban y otros dormían en sus hamacas de calatrafos.
Finalmente, el cohete de fenfletes semanal no pudo efectuar su salida debido a la falta de fluoril, así que los escafandros tuvieron que repartirse a los fenfletes y llevárselos a casa el fin de semana.
Nuestro escafandro quiso poner frente a la tele a sus diecisiete fenfletes, pero estos se rebelaron al poco rato y se pusieron a cantar zarzuela. Escafandro los amenazó con su salamandra mosquera, pero ella lo miró de mala gana y se dio vuelta meneando el colamen.
Escafandro probó a llenar de agua su piscina hinchable y meterlos a remojo en el jardín. Los fenfletes se zambulleron encantados y acabaron todos sentados en el borde chapoteando con los pies. Al fin pudo Escafandro sestear toda la tarde, pero cuando fue a buscarlos por la noche para darles el pollo frito de rigor los encontró hinchados por exceso de agua. Tuvo que escurrirlos uno a uno y tenderlos en el borde de la bañera, pues de noche no puede uno dejarse los fenfletes fuera, al aire.
Por la noche escuchó extraños ruidos procedentes del baño, pero se dijo a sí mismo que ya vería que había sucedido al levantarse, a eso de las mitocondrias.
Al dar las mitocondrias se levantó y fue al baño. Se había olvidado por completo de los fenfletes y ploch, pisó uno nada más abrir la puerta. “Oh, pobre. Y ahora ¿cómo demonios lo sustituyo?” Pensó. Contó dieciséis fenfletes roncando en la bañera, habían recuperado su tamaño original. Afortunadamente no se habían enterado de lo sucedido al fenflete 17.
Escafandro ha recordado de pronto. Dejando suficiente chocolate en el baño al alcance de los fenfletes, acude a su centro turístico más cercano y adquiere un mini-fluvi. Un mini-fluvi es lo más parecido a un fenflete, de hecho podía decirse que se inspiraron en los fenfletes cuando diseñaron al fluvi.
Lo cuela entre los otros fluvis y ya no se aparta de ellos el domingo, manteniéndolos agrupaditos para que no se den cuenta de la inmovilidad del fenflete 17.
El lunes Escafandro acude a la fábrica de detergentes, ficha con su filete, se acomoda en su rampa mecánica. Al dar las medias mitocondrias acuden todos con sus fenfletes y los tiran dentro del cohete. Escafandro hace lo propio con sus 17 fenfletes. Vuelven a sus puestos y se inicia la cuenta atrás. 10... 9... 3... 2... 1... Inanición. Todos mueren de hambre y el cohete impacta contra el Planeta Azul. Los fenfletes rodean la atmósfera terrestre tal como estaba previsto. Entre los fenfletes hay algunos fluvis. Parece que Escafandro no es el único que ha metido la pata. Los fenfletes aislan a los fluvis y los agrupan sobre diversos puntos del globo, formando entre ellos la pantalla protectora que estaban destinados a ser.
Pobres fenfletes, se retiraron a la hamaca correspondiente. El resto de fenfletes esperaban su turno en hamacas similares. Una cocinera pasaba cada cierto tiempo a darles su dosis de chocolate. Algunos lloraban y otros dormían en sus hamacas de calatrafos.
Finalmente, el cohete de fenfletes semanal no pudo efectuar su salida debido a la falta de fluoril, así que los escafandros tuvieron que repartirse a los fenfletes y llevárselos a casa el fin de semana.
Nuestro escafandro quiso poner frente a la tele a sus diecisiete fenfletes, pero estos se rebelaron al poco rato y se pusieron a cantar zarzuela. Escafandro los amenazó con su salamandra mosquera, pero ella lo miró de mala gana y se dio vuelta meneando el colamen.
Escafandro probó a llenar de agua su piscina hinchable y meterlos a remojo en el jardín. Los fenfletes se zambulleron encantados y acabaron todos sentados en el borde chapoteando con los pies. Al fin pudo Escafandro sestear toda la tarde, pero cuando fue a buscarlos por la noche para darles el pollo frito de rigor los encontró hinchados por exceso de agua. Tuvo que escurrirlos uno a uno y tenderlos en el borde de la bañera, pues de noche no puede uno dejarse los fenfletes fuera, al aire.
Por la noche escuchó extraños ruidos procedentes del baño, pero se dijo a sí mismo que ya vería que había sucedido al levantarse, a eso de las mitocondrias.
Al dar las mitocondrias se levantó y fue al baño. Se había olvidado por completo de los fenfletes y ploch, pisó uno nada más abrir la puerta. “Oh, pobre. Y ahora ¿cómo demonios lo sustituyo?” Pensó. Contó dieciséis fenfletes roncando en la bañera, habían recuperado su tamaño original. Afortunadamente no se habían enterado de lo sucedido al fenflete 17.
Escafandro ha recordado de pronto. Dejando suficiente chocolate en el baño al alcance de los fenfletes, acude a su centro turístico más cercano y adquiere un mini-fluvi. Un mini-fluvi es lo más parecido a un fenflete, de hecho podía decirse que se inspiraron en los fenfletes cuando diseñaron al fluvi.
Lo cuela entre los otros fluvis y ya no se aparta de ellos el domingo, manteniéndolos agrupaditos para que no se den cuenta de la inmovilidad del fenflete 17.
El lunes Escafandro acude a la fábrica de detergentes, ficha con su filete, se acomoda en su rampa mecánica. Al dar las medias mitocondrias acuden todos con sus fenfletes y los tiran dentro del cohete. Escafandro hace lo propio con sus 17 fenfletes. Vuelven a sus puestos y se inicia la cuenta atrás. 10... 9... 3... 2... 1... Inanición. Todos mueren de hambre y el cohete impacta contra el Planeta Azul. Los fenfletes rodean la atmósfera terrestre tal como estaba previsto. Entre los fenfletes hay algunos fluvis. Parece que Escafandro no es el único que ha metido la pata. Los fenfletes aislan a los fluvis y los agrupan sobre diversos puntos del globo, formando entre ellos la pantalla protectora que estaban destinados a ser.
Días más tarde, los medios de comunicación terrestres emiten una noticia sobre la aparición de nuevos agujeros en la capa de ozono sobre África, Centroamérica...

7 comentarios:
no te estás tausietizando...!!!???
:P
a ti que te da poca pereza dibujar podrías haberte currado a escafandro...
besicos rubia.
ja, ja, ja... pues lo mismo, no sé. Todo se pega, ya sabes. ;D
Tomo nota, vas a ver qué escafandro.
Un abrazo, moreno.
una palabra que me gusta es ribosoma...nada que ver pero me recordó eso
gracias
De la wikipedia:
"Los ribosomas están en todas las células vivas. Es una molécula, pero una molécula enormemente grande. Podríamos decir que es una fábrica en una sola molécula.
Su función es ensamblar proteínas a partir de la información que le llega del ADN.
La información genética está en el ADN. Esa información se copia en ARN.
El ribosoma, lee el ARN y ensambla la proteína."
Original aportación. Gracias a ti.
Jejeje... Bonito cuento. Y bonito Blog, me ha gustado mucho. Volveré... (como en las pelis de miedo) :)
Un abrazo,
Ocarina
Dios m�o SILVIA es genial, completamente surrealista... Acabo de despertarme y al leerlo me he quedado con una cara de boba impresionante, jajajajajaja...
Aunque el final es triste, eso s�...
�Ese es el bichito de la EXPO de Zaragoza o es que a�n estoy so�ando?
�Y qui�n se olvid� del chocolate?
Tendr� que releerlo mmmm, creo que me quedan algunas preguntas...
Me ha encantado!!!!!!
Un beso!
Ah! Te dec�a en mi blog que a mi tambi�n me encanta la palabra rosquito... Y hacerme un rosquito tambi�n, jajajajaja
Ocarina:
Bienvenida, cuando quieras. Gracias por los comentarios (miedo, miedo, jaja).
Abracitos.
Ariam Ram:
Ja, ja, sí, surrealista total. Cuando no sabes muy bien sobre qué escribir y empiezas a divagar y al final... no te lo tomes a pecho, es un completo disparate, y así no te entristecerás al final (o me veo haciendo segunda parte happy end, jaja, igual que hice el dibujo porque me picó jio).
Si que es la mascota de la Expo, supongo que influencias ambientales porque vivo en Zaragoza.
Del chocolate no se olvide nadie nunca, haya fenfletes o no (me apunto a fenfleta si hace falta) ;D
Pregunta cuanto quieras. Ya me toca pasarme por tus creaciones a mí, por cierto...
¡Vivan los rosquitos! En invierno con mantita y librito, en verano flotando sobre una piscina, en Navidades los de anís.
Muchos besooos.,
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