2/3/08

ENTRAR EN EL POEMA, por Francis Gracián Galbeño


Cuando me quedo sola

el alma de las cosas se despierta;

y en destellos de luz se me presentan

como en un cuadro, sus posibilidades.


Un singular peligro

tan lleno de placer que me anonada,

me ronda persistente hasta que cedo.

¡Oh, la aventura mágica de entrar en un poema

por la palabra más inadvertida!...


Voy leyendo despacio los caminos,

explorando los límites que sueñan

cumbres, llanuras, lagos, laberintos.


Alguien ha imaginado esta luz tenue,

y ha dejado una senda hecha de sueños

y una puerta escondida.


Espeleóloga es mi mente en emociones;

quiero hacer míos los ajenos mares,

y busco, subrepticia, las entradas

que prometen paisajes solitarios.


Después de que mis ojos piden paso,

y he dado la exigida contraseña

se me abre una palabra en estallidos.


Huye a mi voz la bruma,

y un sol, esquivo a otros, se me entrega.


Y ebria de luz y brisa, alegre huello

el camino infinito del poema;

y mis pies van leyendo, letra a letra

la historia que está escrita en su sendero.