14/3/08

Carácter


Concha Quintana nos decía que la práctica hace el hábito y que el hábito nos habita.


José Antonio Marina nos remite a Aristóteles en "Las arquitecturas del deseo", que decía que los mimbres con que debía construirse eran los hábitos, es decir, las costumbres, las virtudes y los vicios.


"Aristóteles, después de plantear el problema, ofrece la solución. Los deseos derivan del carácter, pero el carácter deriva de nuestra acción, por ello podemos con nuestros actos cambiar el carácter, y hacia eso se encamina la educación."


Yo creo que, aunque somos bastante complejos y no puedo "reprimir" o hacer que deje de existir determinada emoción o estado de ánimo simplemente actuando como si no existiera o de forma contrapuesta a ella, sí que he probado en mis propias carnes que acostumbrándome a pasar más ratos actuando de forma positiva, acabo acostumbrada a estar más tiempo sintiéndome mejor que si simplemente me dejo llevar por mis estados negativos. Cuando uno está triste o deprimido, la tendencia es no hacer nada, quedarse dándole vueltas a los pensamientos que nos están llevando a ese estado, por ejemplo. Aunque la tristeza necesita su espacio y tampoco se trata de huir de ella, hay que ver qué proporción de nuestra vida nos ocupa. Si es mayor que para el resto de las cosas o emociones, hay que compensar la cosa un poco, a veces obligándonos a hacer alguna actividad, ver a alguien, algo que nos distraiga y nos anime, incluso que nos fuerce a salir del aislamiento.


Si todos los días como a las tres, probablemente sienta hambre a las tres o la sienta si se pasa la hora y no he comido puesto que me he acostumbrado a ello. Mi estómago está "programado" para las tres. Aunque no somos maquinitas y ya, sí que determinados procesos cerebrales podrían asemejarse a un ordenador. Si me acostumbro a sentirme bien (dándome cosas que me hagan sentir así y entrenándome para disfrutar, incluso con lo más sencillo, en lugar de lo contrario) pasando buenos ratos cada día, mi cerebro estará acostumbrado, "programado", para ello, y será mucho más conocido y fácil para él elegir vías positivas de pensamiento que me lleven a sentirme bien que mal. Eso no anula NI DEBERIA el sentirnos mal, a veces por cosas directamente observables, otras no. Las emociones nos avisan de cómo andan las cosas, y venimos equipados con todo un repertorio para usar una y otra vez.


A mí particularmente también me ayuda bastante llevar una vida más o menos sencilla, tomarme lo que se sale de lo normal como premio y tener ciertos hábitos, horarios, que sin ser inflexibles forman una estructura base. Por supuesto, cada vez que apetezca ¡a romperlos!

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo contigo. Personalmente creo que el hecho de que uno se sienta bien o mal es inevitable en determinados momentos, pero el ser humano está capacitado para poder controlar sus emociones o pensamientos de tal manera que así se reduzcan las sensaciones negativas erradicando los desánimos y malos hábitos potenciando tu energía positiva. aprender a controlar sus

Silvia dijo...

Creo que está capacitado hasta cierto punto, no tanto como voluntad, se ejercita y pienso que mejor de dentro a afuera con, por ejemplo, meditación. De fuera a adentro se corre el peligro de reprimir. Además hay que valorar si esas sensaciones negativas nos avisan de algo, mirar alrededor por si hay que cambiar algo, a veces cambiar fuera, a veces cambiar dentro.

Gracias por tu rica opinión, me he quedado con las ganas de leer lo que seguía: "controlar sus...".

Bienvenid@ a esta tu casa. ;)

Silvia dijo...

¡Ah! Y genial lo de potenciar la energía positiva.