2/3/08

Bienaventurada infidelidad




"En el siglo XXI la fidelidad tal vez no sea ya una virtud fuente de felicidad y estabilidad, sino más bien miedo a abrirse a los demás, y desautorizarse el deseo y la afirmación de sí mismo. Y la infidelidad, o la polifidelidad, se puede concebir no como ese factor que turba la paz conyugal, sino como fidelidad a uno mismo. En Bienaventurada infidelidad Paule Salomon explora, con numerosos ejemplos extraídos de su experiencia como terapeuta, ese negro y secreto continente de lo íntimo y de la pasión, del deseo y de los celos. La autora trata así de responder a los interrogantes cruciales de toda relación amorosa:


¿Es sinónimo de exclusividad sexual el hecho de vivir en pareja?


¿Es el amor monógamo?


¿Es todo compromiso sinónimo de alienación?


La fidelidad, ¿es una virtud o una necesidad de seguridad?


¿Podemos mantener varias relaciones a la vez y ser fieles a nosostros mismos?


¿Somos herederos de una concepción romántica del amor que conviene desempolvar?


Muchas infidelidades corresponden a la puesta en escena de un deseo de evolución, un deseo de salir de las propias carencias, las propias insatisfacciones y proyecciones negativas sobre la pareja. De esta obra se desprende una visión dinámica e inédita, una visión que huye de los prejuicios y de la culpabilidad y que pone claramente el acento sobre la libertad, el apego, el compartir y la conquista de sí mismo.

2 comentarios:

vgonzalezm5@gmail.com dijo...

Pues sera el sereno pero como duele cuando descubres q tu pareja tiene otra pareja. Te mueve toda la existencia, y toda tu confianza y admiración en esa persona se diluyen. Es una situación muy triste sobre todo cuando hay hijos de por medio. Tarde que temprano esa persona infiel se va a quedar sola al traicionar a los demás por esa extraña noción de serse fiel a si misma.

Silvia dijo...

Completamente de acuerdo. Esto es sólo una opinión, no es que lo defienda a ultranza. Verás, mi opinión (que por otra parte es sólo eso) es más o menos como sigue con variaciones según me sienta más o menos equilibrada y segura:

Es un ideal de libertad y comprensión hacia el otro y hacia uno mismo cuando se siente atraído por otro. Es decir, no condenarse por algo que es natural, tenemos ojos y sensibilidad hacia lo que nos rodea. Por otra parte, para mí no es "ir a buscar, ir a ligar, como en plan adolescente" sino que si la vida te pone en esa disyuntiva o se te presenta una vivencia, incluso más que sexual, relacional (una conexión espiritual, psicológica, emocional, la que sea) ¿por qué vivirla con culpa, o reprimirse?

Por otra parte, cuando la persona a quien queremos se enamora o vuelca en otra, para nosotros puede ser o es horrible. Hay personas para quienes es inaceptable o imperdonable, pero también lo es, por ejemplo, que vaya de viaje sin contar con ella (sin infidelidad de por medio) o que le oculte cualquier otra cosa, o que salga con amigos por poner un caso extremo. Es una cuestión de mentalidades.

Otro enfoque: a nivel energético no sólo te estás tragando lo de tu pareja sino todo lo que te traiga de la/s otra/s persona/s. Y ya con la propia vida de uno mismo tenemos bastante. Además, cuando tenemos relaciones con una persona nos relacionamos con ella (o él), y hay llamadas (a veces inoportunas) y por poco compromiso que se suponga se va a tener es una intromisión en la relación habitual, hay momentos altos, momentos bajos, y cuidado emocional de esa otra persona (nos lo demandará). Toda esta parte no me convence nada, me pone histérica.

Aparte que una cosa es lo que pretendamos comprender, ser maravillosos, generosos, maduros... y otra la realidad y lo que pueda soportar. Puedo tener un planteamiento en la cabeza pero sorprenderme con dolores de estómago, cabeza o bajones bruscos que me dejen sin energía para emprender acciones positivas para sentirme mejor.

Por otra parte hay personas que viven así y están acostumbradas.

Y, por último, ¿tenemos derecho a obligar a otra persona a cambiar o a recortarse a sí misma? Por supuesto, la otra persona tampoco tiene derecho alguno a obligarnos a nosotros a aceptar algo que no queremos o podemos aceptar.

La polémica está servida.