17/2/08

Fragmentos de "Sedúcete para seducir. Vivir y educar las emociones"


(Viene de)

El título da espanto, pero bueno. Es de editorial Paidós y los autores Eva Bach y Pere Darder.

"La clave de una vivencia emocional inteligente va más allá del reconocimiento y de la aceptación de lo que sentimos. Implica, en último término, el reconocimiento y la aceptación de lo que somos, y esto, como veremos más adelante, es un poco más complicado.

Supone llegar a ser capaz, en un momento determinado, de admitir el desánimo, la impotencia, la debilidad, la desesperación, el dolor, etc., que todos sentimos con mayor o menor grado, y con más o menos frecuencia. Sólo admitiendo estos estados anímicos que son producto de emociones determinadas y sintiéndolos como propios podremos llegar a superarlos. No los superaremos de verdad obviándolos o pasando de puntillas sobre ellos; los superaremos ahondando y deteniéndonos en ellos el tiempo que haga falta para aprender a vivirlos y a tolerarlos sin ser esclavos de ellos y sin quedarnos atrapados.

No nos quedaremos atrapados si nuestra inteligencia nos permite saltar de nuevo: admitir que cada situación de la vida es fruto de lo que somos en cada momento y, por lo tanto, no podemos culparnos por no haber reaccionado con unos patrones de los que no disponíamos, precisamente porque nos faltaba la experiencia que debía activarlos.

(...)

Proceso de desarrollo emocional (síntesis): vive tus emociones, conoce tus emociones, regúlalas e intégralas, cultiva un estilo afectivo propio, convive en armonía.

Vive tus emociones:

Las emociones derivan de sucesos internos o externos significativos y normalmente comportan algún tipo de alteración en el curso habitual de nuestra vida. Podemos decir que en el punto de origen y de llegada de una emoción hallamos siempre algún tipo de cambio, y esto es potencialmente bueno; y lo es porque si no hay cambio - cambio hacia una mejoría-, no hay madurez o evolución. Pero todo cambio genera perturbaciones y esto provoca que lo sintamos como una amenaza que puede llegar a paralizar nuestro proceso de desarrollo personal y dejarnos aletargados en un determinado estadio evolutivo. (...) Cuando nuestro proceso de crecimiento retrocede o se para, a menudo sucede que el miedo está ejerciendo sus poderes.

(...)

Las piedras forman parte del camino y algunas parecen puestas adrede para que tropecemos. Pero no todos tropezamos con las mismas. Cada uno tiene sus piedras de toque, aquellas con las que habitualmente tropieza y con las que quizá debe tropezar para aprender a sortearlas. Pero por el camino también hay piedras preciosas, y para encontrarlas es necesario a veces pasar por la piedra. Pasar por la piedra no significa buscar el sufrimiento. Significa aceptarlo como inherente a la vida y al ser humano, y afrontarlo con una actitud lo más constructiva posible.

(...)

Conviene puntualizar, no obstante, que, a pesar de esta función equilibradora y gratificante que puede llegar a cumplir el desequilibrio, no nos podemos aficionar a él. Si nunca dispusiésemos de la respuesta apropiada y siemrpe tuviésemos que estar creando respuestas nuevas, no tendríamos sosiego. Viviríamos en un estado de perturbación continua que no sería bueno.

(...)

Uno de los pilares en los que debe sustentarse la educación de las emociones: la creencia en que la educación, en general, y el desarrollo afectivo y emocional, en particular, son procesos permanentes, procesos que nunca se acaban y que necesitan desequilibrios más o menos periódicos y temporales para favorecer equilibrios sucesivamente más sólidos y consistentes.

(...)

Conoce tus emociones:

La existencia de personas que, a pesar de no presentar deficiencias cerebrales estructurales, tienen una vida personal y social desastrosa puede llevarnos a pensar que es el desconocimiento de las emociones y los malos hábitos emocionales que se han derivado de ello una de las causas principales de los problemas vitales / psicológicos que sufren algunas personas. La repercusión que esto conlleva para la educación es capital, y el compromiso que representa y nos exige debemos aceptarlo sin vacilaciones. Educar las emociones, conocer qué son y qué función cumplen en nuestra vida es imprescindible para incrementar la integración y la satisfacción vital de cada individuo, así como el bienestar, la cohesión y la evolución del colectivo social en general.

(...)

Las emociones son nuestra respuesta personal y singular a los sucesos significativos de nuestra vida. Esta respuesta es fruto de la combinación de un ocnjunto de factores internos y externos, innatos y aprendidos, que no pueden ser considerados aislados. Las emociones de las personas las general, de un modo casi automático, lo que Greenberg y otros denominan esquemas emocionales. (...) Los esquemas emocionales son una síntesis interna organizada y compleja de nuestra experiencia emocional. Esta síntesis contiene tanto el repertorio de respuestas innatas o la dotación biológica propia de la especie humana en general y de cada individuo en particular, como el de respuestas adquiridas a partir de las experiencias vividas en el pasado y los conocimientos aprendidos. (...)

Por un lado, tenemos que llegar a descubrir quiénes somos internamente para poder relacionarnos con los demás desde la más profunda honestidad, pero por el otro, no hay integridad ni integración posibles sin interacción social humana.


(...)

Regula tus emociones:

Uno de los objetivos de la regulación emocional es aprender a introducir una pausa para pensar la respuesta oportuna y evitar las reacciones impulsivas que pueden resultar dañinas para nosotros mismos o para los demás. Pero esto no es necesario hacerlo siempre.

La expresión de las emociones, sobre todo de las de tipo primario, es una fase ineludible del proceso emocional. Una emoción contenida o inhibida es un elemento potencialmente perturbador. Reconocerla y expresarla es necesario para restablecer el equilibrio que la emoción altera. Pero esta expresión no se puede efectuar de cualquier manera.

Regular no significa reprimir, ni pensar la emoción en lugar de sentirla.

Para mi bienestar emocional lo más saludable es que me adviertan que en determinadas ocasiones el estímulo que reciba superará mi capacidad de respuesta, que la vida en un momento u otro me planteará retos para los cuales no habré desarrollado todavía las habilidades de enfrentamiento pertinentes, pero que muy probablemente podré desarrollar a partir de entonces. Muchas veces valoramos nuestras capacidades en términos de "las tengo" o "no las tengo", y pasamos por alto las oportunidades que determinados retos nos ofrecen para movilizar y adquirir las que no tenemos.

(...)

Podemos concretar nuestra posición respecto a la relación entre las emociones y la salud en las siguientes afirmaciones:

1. Todas las emociones se sienten en el cuerpo.
2. Hay significados emocionales profundos que se convierten en síntomas.
3. Emociones y síntomas son fuentes de información sobre uno mismo. Cumplen una función reguladora y adaptativa si se atienden de forma integrada.
4. La enfermedad es producto de un conjunto de factores - físicos, mentales, emocionales, ambientales, biológicos, espirituales, etc.-. Ninguno de estos puede ignorarse ni considerarse de forma aislada. Ni todas sus causas son endógenas ni todas son exógenas. Las emociones pueden considerarse factores de riesgo o factores con un determinado poder terapéutico, pero no causas.
5. No debemos culparnos de nuestras emociones y enfermedades.
6. Las emociones se somatizan. Pero tan disfuncional puede ser su expresión descontrolada como su inhibición sistemática.
7. La postura saludable está relacionada con el enfrentamiento y la autorregulación.

(...)

Cultiva un estilo afectivo propio:

Se trata de articular de forma adecuada pensamiento y emoción para potenciar la sensibilidad y la creatividad personales.

(...)

Educar emocionalmente es la mejor manera de prevenir que la agresividad natural que hay en todo ser humano degenere en violencia. Si nos planteamos como objetivo primordial dar a cada individuo el reconocimiento y el afecto que necesita para crecer y madurar, la educación emocional puede favorecer la vivencia de emociones que hagan de la vida una aventura apasionante.

La regulación de la agresividad exige la adquisición de habilidades socio-emocionales. Estas habilidades son una serie de conductas verbales y no verbales que requieren de un entrenamiento formal y se encaminan hacia el desarrollo de la competencia social o capacidad de relacionarnos adecuadamente.

En la práctica es lo mismo que asertividad (capacidad de expresar lo que uno piensa, siente, necesita, deseo o cree sin dejar de respetar aquello que piensan, sienten, necesitan, desean o creen los demás).


(...)

Convive en armonía:

Vivir en armonía con uno mismo y con el entorno no significa ausencia de conflictos. (...)

Ni dependientes ni independientes: interdependientes. El desarrollo emocional es un proceso que tiene su sentido último en el acto de compartir. El encuentro entre un tú y un yo íntegros que parten de unos principios (que deberían ser previamente pactados o consensuados) deciden interactuar en busca de un nosotros cada vez más fecundo y gratificante, y que persisten en esta búsqueda a pesar de las dificultades con las que inevitablemente toparán, es el punto de partida y de llegada de la educación de las emociones. Sin la llave que representa el otro sería imposible construir nuestra identidad.

(...)

La educación debería favorecer y potenciar este momento, que se corresponde con el que Covey denomina paradigma del yo. Es el paradigma de la independencia, cuando se rompe con la moral heterónoma y se empieza a construir la moral autónoma. Cada uno se hace su propia moral y a veces es fácil caer en el otro extremo, en la subjetividad pura o el egocentrismo.

Para que el individuo no se quede estancado en este estadio, la clave está en las emociones. Debemos dejar que dirija la mirada hacia su interior y se ponga en contacto con su sentir porque así descubrirá la necesidad que tiene de comunicar y compartir sus sentimientos con el otro. Sólo de esta manera podrá descubrirse después a sí mismo en el otro y conectar con él. Por lo tanto, es un momento no sólo para la reflexión personal, sino sobre todo para la vivencia y experimentación emocional de estos valores o principios. Para adoptar desde la razón el principio de honestidad, conviene sentir la necesidad de ser honestos o de ser íntegros; para adoptar el principio de solidaridad o de responsabilidad, debemos sentir la necesidad de ser solidarios o de ser responsables... El estilo ético que adoptamos es un estilo centrífugo: lo que aprendemos va de dentro hacia afuera, si bien es precisa la vivencia externa que prepara para la interdependencia.

(...)

La realidad es muy compleja y los tropiezos son múltiples. Empezando por mi singularidad y la del otro, por las diferentes expectativas y aspiraciones, y pasando por la dificultad de la comprensión mutua y del reconocimiento de la persona del otro como legítimo interlocutor..., la lista es interminable. MI actitud ante la relación, no obstante, es un elemento determinante para avanzar y superar todas las dificultades.

La idea de que es mejor conocer al otro y otorgarle confianza sustituyendo la actitud defensiva por una actitud abierta y expectante, así como esforzarme por establecer con él vínculos de colaboración y afecto, es individualmente gratificante y aporta las bases para una vida social constructiva.

(...)

El proyecto compartido:

Si la convivencia establecida no conduce a mejorarnos o a actuar, a construir algo con el otro, quizás es que no existe convivencia. Estamos entre los demás, a veces sin agredirnos demasiado, pero también sin enriquecernos mutuamente ni compartir vivencias estimulantes. Y como las necesitamos pero no las tenemos, las buscamos en otras cosas que nos ofrece la sociedad a modo de sucedáneos perfectos. (...)


La vida es movimiento, es cambio y es, en cualquier caso, la contemplación de lo que emocionalmente nos despierta o de lo que estamos construyendo con los demás. La ilusión de encontrarse a gusto con lo que se hace, de encarrilar los tropiezos, de vivir en un clima de respeto por la propia singularidad y la del otro y de mantener un intercambio positivo con los que nos rodean dispara la necesidad de encontrar nuevos caminos, de dar el primer paso con el que hemos de empezar todos los proyectos.

(...)

Nos vemos inmersos en la vida con los demás. Se dice que el ser humano es eminentemente social. Aparte de las grandes afirmaciones, está la vivencia de encontrarnos siempre entre otras personas, de necesitarnos unos a otros para poder resolver los asuntos que nos interesan. Todo esto nos ha llevado a hablar de la convivencia en unos términos que superan las formas externas de educación - ¡o que las llenan de sentido y las amplían!-, y nos conduce a hablar de la necesidad de sintonizar con los demás, de establecer vinculaciones afectivas con ellos.

El establecimiento de vínculos y la continuidad de los ya establecidos es lo que nos debe permitir construir y realizar un proyecto común. Pero establecer vínculos, y sobre todo mantenerlos, no siempre - en realidad pocas veces - es cómodo. Nos exige una firme voluntad de acercamiento y de atención al otro a la vez que de revisión y de mejoría personal. Pero a pesar de las dificultades, mantener una continuidad es gratificante y necesario.

(...)

Los cuatro pilares de la educación: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser, aprender a convivir.

(...)

Conviene que aprendamos a conjugar la independencia con la responsabilidad, y esto - sobre todo dentro del contexto de las relaciones afectivas o cercanas - no se hace con actitudes del estilo 'es mi decisión y tú debes respetarla', que desafortunadamente acostumbran a ser bastante comunes. Frases y actitudes como ésta significan que el otro nos importa muy poco y que, por lo tanto, nos falta sensibilidad emocional y compromiso ético.

Conviene matizar, sin embargo, que, cuando ponemos esta frase como ejemplo de una forma de relación que conviene superar, no pretendemos decir que no tengamos derecho a tomar decisiones personales de manera independiente ni a escoger a las personas que deseamos que formen parte de nuestro círculo íntimo.

(...)

Sedúcete para seducir:

A quien debemos gustar ante todo es a nosotros mismos. Y nos debemos gustar para sentirnos con fuerzas para emprender iniciativas comunes de transformación social con las personas que nos rodean. Todos tenemos algo interesante que aportar, pero para saber qué podemos aportar primero tenemos que descubrirlo y valorarlo.

Seducirse uno mismo es gustarse a pesar de las equivocaciones, las carencias y limitaciones que se puedan tener. Es darnos cuenta del poder que tenemos para dirigir nuestras vidas hacia cotas vada vez más altas de bienestar y ejercitar el potencial creativo que hay en nosotros para conseguirlo.

Seducirse también es desarrollar la capacidad de disfrutar del camino."

(...)

(Continuará)

2 comentarios:

entrenomadas dijo...

Lo he leído todo, ahora a ver cómo aprendo a realizar todo eso.
Ufff, qué difícil es todo, pero me ha parecido muy agradable leer esto hoy.

Un abrazo,

Silvia dijo...

Gracias. Pues sí, menudo decálogo largo. Yo lo posteo y así lo leo y releo, a ver si... Lo combino con otras cosas, a veces contradictorias, sin mecanizarse mucho...

Lo mejor, contemplar paisajes verdiazules (para mí).

Besitos.