8/2/08

Capítulo Tal



ADIOS CRISTI

- Cristi, ¿qué haces aquí? La reunión fue…
- Lo sé – se hizo el silencio unos segundos - ¿Me vas a dejar en la puerta? – sonrió maliciosamente.
- No, claro. Pasa, pasa – Jeremías le abrió la puerta, sorprendido aún. – Estaba escribiendo y ando un poco absorto en mis cosas, no me hagas mucho caso. ¿Tomas algo?
- Frío y ácido – contestó ella.

Mientras él le ponía una bebida de limón, ella se paseaba por la sala, curioseando todas sus cosas, como queriendo hacerse una idea de él a través de ellas. Hojeó descaradamente lo que escribía. Un vaso tintineante apareció bajo sus ojos.

- Eso es privado, señorita.
- “Sentada en aquel banco de jardín, mirando la huerta de las Carmelitas, con la humedad verde penetrándome los huesos, me llegó la fuerte sensación de estar con él, de su presencia… en ese momento supe que no todo había terminado” – recitó ella con su característica indolencia juvenil.- ¿De qué va esta historia?
- Esta mujer tiene una especie de “affaire virtual” con un conocido representante del clero. Cada uno tiene su vida, completa por sí misma, pero tienen algunos encuentros y, espero, una intensa historia.
- ¿Esperas? ¿Es que ni tú mismo sabes lo que vas a escribir? – tomó un sorbo de la limonada helada, contrayendo un poco el gesto.
- Dijiste ácido.
- Lo sé, lo sé – dijo recomponiéndose con orgullo.
- Bien, una cosa que he aprendido tras darme cabezazos contra estas paredes en estos meses es que la historia se escribe por sí sola. Soy como un mero instrumento. Es increíble la sensación, ¿sabes? Antes escribía historias que ya tenía planificadas, cuyo desarrollo y desenlace conocía, las hacía mecánicamente. No conseguía que tuvieran vida. Creía que no era bueno, que ya desarrollaría técnicas. ¡Hombre! Sigo pensando que hay mucho que aprender, y que la práctica es esencial, pero otros artistas de disciplinas diferentes también me han comentado experiencias similares, algunos próximos al éxtasis.
- ¿Tú has sentido eso? – preguntó Cristi obviamente interesada.
- No… no tanto, la verdad. Pero sí que empiezo las historias y luego es como si ya estuvieran ahí, vivas, desarrollándose en un plano paralelo que no veo normalmente, pero con el que conecto cuando escribo, estando receptivo a la historia. Entonces es como copiar algo que está sucediendo en ese momento, no como si yo lo creara. Los personajes existen, la trama existe.
- ¿Crees que alguien estará escribiendo nuestra escena ahora mismo?
- ¿Qué crees tú? – respondió él, asombrado una vez más por la genuina espontaneidad de ella.

Ella comenzó de nuevo a pasear por la habitación con el escrito de él todavía en la mano.

- ¿Por qué escribes en primera persona si el personaje es femenino?

El pareció algo incómodo. Tras unos momentos, contestó:

- Verás, más de una mujer piensa que soy algo así como un hombre de Neanderthal. Trato de conocer mejor la psicología femenina. Pensé que esto era un experimento interesante.

Cristi calló el tiempo suficiente como para que él pudiera empezar a recoger todas sus ideas sobre papel, esparcidas aquí y allá.

- Yo sí lo he experimentado – dijo ella de pronto.
- ¿Qué? – se volvió él.
- El éxtasis, yo sí sé lo que es – contestó ella con la mirada perdida a través de la ventana. – Me voy – de pronto soltó los papeles del relato de Jeremías y comenzó a andar hacia la puerta. El comenzó a seguirla, acostumbrado a sus desconcertantes cambios de opinión. De repente ella se giró quedando frente a él. Se miraron. Ella se lanzó a besarlo. El, sorprendido primero, apasionado después, dejó que ocurriera.


Cuando Jeremías salió de la ducha Cristi había desaparecido. La buscó por la casa para encontrarse, casi con alivio, con el silencio como única respuesta a su llamada. Sin embargo, unas cuartillas dobladas en su mesita sagrada llamaron su atención.