30/1/08

Escritura automática


Lo que sigue es producto de un ejercicio de escritura automática (o casi) de hace varios años. Yo que tengo esta extraña manía de vaciar el baúl de los recuerdos sobre mi blog... hay repeticiones, fallos, etc. porque de lo que se trataba era de escribir según salía todo. Y creo que lo pongo aquí como ejercicio para afrontar el riesgo, para atreverme a decir lo que quiera decir.



Y es que se me hacen cortas, la verdad. Pues no sé si es por empezar a prestar atención a mi creatividad, o porque mi vida ahora mismo me fuerza un poco a ello: la cosa laboral no se mueve mucho, más bien me hacen perder el tiempo con tonterías, la verdad. No creo que vuelva a sentir que vuelo, y fluyo, sin más, ni tampoco que vuelva a volcarme en el Ministerio de Trabajo y la Seguridad Social como si me fuera la vida en ello, pero me gustaría encontrar un punto medio, la verdad.

Lo que sí sé es que, sea por una cosa, la otra, las dos juntas y añadiremos unos cien factores que también influyen, entre conscientes y no conscientes, propios y ajenos, el caso es que ahora mismo no puedo para de escribir, sea con sentido, sin sentido, ambas cosas… cosas malísimas, buenas, extrañas, todas ellas mezcladas. Lo único que ahora mismo quiero hacer es seguir escribiendo. ¡Oh, no! Empiezo a medir y pensar lo que escribo, qué desperdicio, de todas maneras mi mente va más rápida que mi mano, por eso en ordenador puedo ir más rápido, reparto esos impulsos entre diez dedos y sólo tengo que pulsar y pulsar, no dibujar las letras y todo a través de un único bolígrafo, sujeto entre dos o tres dedos de una sola mano, un solo brazo, un solo hombro. Sólo de sentir la presión de querer ir más rápido para poder recogerlo todo duele, de la tensión, el brazo izquierdo, el hombro izquierdo, arrugando los ojos como si eso me fuera a ayudar a ir más rápido.

Total, todo son ideas peregrinas que no tienen demasiado sentido, no sé por qué produce tanto placer soltarlas y soltarlas, soltarlas…

Hace tiempo que me ronda la cabeza una historia, se me ocurrió por primera vez después de hablar con una amiga sobre una mesa de Plantaciones, ese sitio donde sirven tan mal y resulta tan caro, pero tan cálidamente decorado… cerca, en fin, esa mesa tuvo que ser testigo de muuuchas conversaciones, como aquella, entre dos personas que probablemente se habrán puesto a parir un millón de veces, pero que cuando se ven lo que sienten es un enorme cariño, se abrazan, y se cuentan sus cosas. Habla de problemas y se emocionan, después se me ocurrió contar lo que sienten, lo que hablan, intentar transmitir todas esas emociones… y centrar la historia en la mesa y en todas esas personas que se pueden sentar en ella y contar historias entrecortadas, que capturen la atención del lector o lectora, sin dejarle más que entrever trozos de conversación para que intente ir hilvanando, creando su propia historia a partir de los fragmentos de conversación en días diferentes, de las mismas personas que a veces repiten lugar y mesa, a veces no, a veces una de ellas con diferente acompañante… entremedio se van mezclando con historias diferentes, una madre con un niño y quizá así pueda meter mis principios de cuentos infantiles, una parejilla, una persona sola que se sienta y escribe, o que trata de poner en orden su vida, mezclada con el camarero que le pasa un paño a la mesa, con descripciones del lugar, de las estaciones por las que va pasando la mesa… quizá al final la tiren o la lleven a un lugar de compra-venta de objetos usados, o cierren el local y quede en el olvido… no sé, la cosa no creo que sea la idea porque tengo montones, a cientos… sino el elaborarla realmente, (almorcé arroz), el transmitir todas esas emociones con las palabras. Por lo que sé y creo, hay que escribir sintiendo aquello que quieres transmitir, así que no se trata de: hoy tengo que escribir la escena en que Bárbara se siente desgraciada mirando por una ventana, sino más bien de empezar a escribir y vaciarte de conceptos y cosillas, hasta que por fin empiezas a “canalizar” algo, empieza a salir lo que está más profundo en ti, como si la historia te utilizara para plasmarse sobre el papel. A veces, puedes empezar a escribir sobre algo definido y terminar con otra cosa totalmente distinta, las letras se han dispuesto de tal forma que la historia ha ido cambiando y tú ni te has dado cuenta… eres un mero canal. Es entonces cuando lo que escribes está vivo y transmite todas esas cosas, y es increíble cuando vas contando las cosas y es como si las copiaras de alguna parte, y ni tú mismo sabes qué va a pasar a continuación pero la historia tiene que seguir y preguntas, y es como si lo vieras en una pantalla de cine en algún lugar dentro de tu mente y copiaras lo que ves. ¡Qué sensación!

Pero da miedo, porque nunca sabes lo que va a salir, si querrá escribirse, si querrá terminarse… claro que si no fuera así a lo mejor no valía la pena escribirlo. Aunque a mí me pasó con aquella historia subacuática que empecé estando mala y que traté de “disciplinar”, de hecho hice varios capítulos, y en momentos diferentes. Y tuve esa increíble sensación, cosa todavía más curiosa porque no me gustan nada las historias bajo del mar, y sin embargo… claro que no me resultaba muy emocionante por no gustarme las cosas subacuáticas y por darme la sensación de que copiaba algo ya escrito. Dentro de mí iba apareciendo el guión completamente perfilado y eso restaba emoción a la cosa, a la larga. Pero sí que me encantaría tener otra vez esa sensación, como cuando iban todos a la cocina-despensa de noche, a oscuras, y yo sin saber qué iba a pasar a continuación y de repente, como si en una película de dibujos animados se tratara, “veo” lo que pasaba y me pongo a escribirlo, ¡jo! ¿Cómo puede haber gente que diga que la vida es aburrida y el mundo una miseria? ¡Con la cantidad de cosas que ocurren y la cantidad de experiencias que podemos tener! Con nada se disfruta más que con esas pequeñas cosas…

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