
La supuesta Maddie se llama Bouchra y vive en Marruecos
Jamal Uahbi, periodista marroquí, achaca el error al desconocimiento de los españoles sobre la población de su país. La niña proviene del Rif, donde esa fisionomía es muy común
¡Qué extraña máquina es el hombre!, usted le mete pan, vino, pescado y rábanos, y salen suspiros, risas y sueños.


Los textos clásicos de los maestros chinos (Dahui, Yuanwu, Foyan, Yuansou, Linji, Mazu, Fanyan, Wuzu, Ying-an y otros).
Selección, traducción y epílogo de Thomas Cleary.

Contraportada:
La esencia del zen es un libro iluminador y fascinante que deshace muchos tópicos. He aquí una colección de enseñanzas que muestran que el zen es algo extraordinariamente flexible, que se adapta a las necesidades individuales y a las necesidades de la época, más allá de las fronteras culturales.
Por su propia naturaleza, el zen no pertenece a ninguna cultura en exclusiva. Su práctica requiere conciencia y tiene que ver con la forma con que experimentamos el mundo y vivimos la vida.
Con material extraído de los anales de los grandes maestros de las dinastías Tang y Song de China, La esencia del zen constituye la instrucción más abierta y directa de todo el canon zen. Lo que emerge es un apasionante cuadro, no como religión o filosofía, sino como ciencia práctica de la libertad.
Particularmente relevante es el epílogo, donde Thomas Cleary describe el background histórico y cultural del desarrollo del zen en China.
Thomas Cleary, licenciado en lenguas de Extremo Oriente por la Universidad de Harvard, es famoso por sus ediciones y traducciones de los libros más clásicos del budismo y del taoísmo.
Introducción:
El zen es la esencia del budismo, y la libertad, a su vez, constituye el núcleo esencial del zen. Su objetivo, sea cual fuere el nivel al que lo consideremos, consiste, única y exclusivamente, en liberar todo el potencial oculto de la mente humana. El maestro chino Ying-an dijo: "el zen vivo es el atajo más directo para alcanzar la iluminación sin realizar esfuerzo alguno dondequiera que te encuentres".

El zen no nos habla de una libertad remota sino, por el contrario, de una libertad que se halla plenamente inmersa en el mundo. Su práctica no requiere ningún requisito especial sino que puede ser llevada a cabo de manera directa y natural en medio de nuestras actividades y ocupaciones cotidianas. Como dijo Dahui, otro gran maestro chino: "para alcanzar la iluminación no es necesario abandonar la familia, dejar el trabajo, hacerse vegetariano, convertirse en un asceta o retirarse a un lugar solitario".
No obstante, la libertad del zen, aunque pueda manifestarse en este mundo, no pertenece a él. No se trata del mismo tipo de libertad que puede instaurar o garantizar un determinado sistema político o social. Una libertad otorgada puede también ser abolida y el zen, en cambio, aspira a una libertad que no puede ser impuesta desde el exterior sino que brota desde lo más profundo de nuestro ser.
La liberación zen se alcanza mediante un tipo de percepción y comprensión especiales que penetran hasta la misma raíz de la experiencia, una percepción y una comprensión que despojan a la mente de las limitaciones arbitrarias impuestas por el condicionamiento, despertando, de ese modo, el potencial latente de nuestra conciencia. Como decía Dahui:
El reino del iluminado no pertenece al mundo de los atributos manifiestos externos. La budeidad es el reino de la sabiduría sagrada que mora en nuestro interior. Para alcanzarla no se precisa instrumento, práctica ni comprensión alguna sino que basta con liberarnos de la influencia del sufrimiento psicológico que hemos ido acumulando en nuestra mente desde el comienzo de los tiempos en nuestra relación con el mundo externo.
El objetivo del zen es el de purificar la mente hasta que pueda percibir su propia naturaleza esencial. Esta percepción nos capacita para mantener el equilibrio y la libertad en cualquier circunstancia y clarificar, de ese modo, nuestra experiencia cotidiana. El anciano maestro zen japonés Bunan dijo:
La gente considera difícil llegar a percibir su propia naturaleza esencial. En realidad, no es fácil ni difícil, ya que no hay nada que pueda añadírsele. Se trata de responder a lo correcto y a lo erróneo sin aferrarnos a ello, de vivir en medio de las pasiones sin identificarnos con ellas, de ver sin ver, de oír sin oír, de actuar sin actuar y de buscar sin buscar.

La libertad del iluminado se manifiesta en este mundo pero no pertenece a él. Por ello suele representarse tradicionalmente como una flor de loto enraizada en el lodo, que florece, no obstante, al mismo tiempo, sobre la superficie de las aguas. No se trata de lograr una especie de desapego negativo sino de alcanzar un equilibrio entre independencia y apertura que no se consigue por medio del esfuerzo, sino mediante la experiencia directa y el despliegue de la esencia de la mente.
Sin embargo, la libertad zen, aunque presente y accesible, es, paradójicamente, escurridiza cuando la buscamos deliberadamente. Por ello Bunan hablaba de "buscar sin buscar" y Ying-an afirmaba que "en el zen no hay nada a lo que aferrarse. Quienes no lo comprenden así son víctimas de su propia ambición".
Por este motivo, los textos clásicos de esta tradición no son manuales doctrinarios ni compendios rituales que deban ser seguidos sistemáticamente y que nos permitan aproximarnos, paso a paso, a una especie de santuario interno. Su objetivo no es el de inculcar ideas o creencias sino despertar aquellas dimensiones que permanecen dormidas en el fondo de nuestra conciencia.
Desde la desaparición de las escuelas clásicas se han instaurado numerosos sistemas de zen pero ninguno de ellos ha sido completo, definitivo ni duradero. La naturaleza del zen se dirige a la experiencia personal del individuo sin importar la época. Y lo mismo podríamos decir, como atestiguan las escrituras, de las demás escuelas budistas. Así, según el maestro Dahui: "Si crees que en el zen existe alguna formulación verbal que transmita algún secreto especial, estás equivocado. Ése no es el zen verdadero".
El zen profundiza y agudiza la inteligencia, añadiendo, de ese modo, nuevas dimensiones a la razón y a la intuición, y nos proporciona un tipo de sabiduría, o de conocimiento, mucho más sutil que el del pensamiento conceptual. Este tipo de desarrollo mental no puede ser dado ni recibido. Por ese motivo el aprendizaje del zen cuenta con sus propias estrategias.
La esencia del zen es extraordinariamente simple. Como decía el maestro Yuanwu: "Renuncia a las frases hechas y a las opiniones intelectuales aprendidas que se clavan en tu piel y se adhieren a tu carne". El zen es la esencia más pura de la mente y desaparece en el mismo momento en que lo conceptualizamos. Por ello el objetivo de la literatura zen no es ideológico, sino impactante.
Por su misma naturaleza, la esencia del zen no es oriental ni occidental. Los maestros clasicos afirmaban que el zen no es patrimonio de ninguna cultura o filosofía, y mucho menos de una clase o grupo social determinado. Como señaló un poeta zen: "¿Sobre qué puerta no se refleja la luz de la luna?" El zen no es un producto de las ideas sino que, por el contrario, constituye su mismo fundamento. Esto es, precisamente, lo que distingue a la esencia del zen de cualquier producto filosófico, religioso, artístico o científico.

Existen muchas formas de aproximarse al zen y las posibilidades que se derivan de él son todavía mayores. Este libro, que presenta una traducción de textos originales extraídos de las obras de los principales maestros de la antigua China, recoge una de las formas de instrucción más directas de todo el canon zen. En este sentido no constituye, pues, un compendio de textos filosóficos o religiosos sino que se trata de una enseñanza psicológica eminentemente práctica sobre la liberación.
A lo largo de los siglos este tipo de literatura ha permanecido abierto a cualquier persona interesada. Su práctica se dirige directamente a la relación existente entre mente y cultura y no exige, por tanto, ningún tipo de conocimiento previo sobre budismo zen o sobre cualquier otro aspecto de la cultura oriental. Lo único que se requiere es permanecer atento. Por ello sus efectos influyen inmediatamente en nuestro modo de experimentar el mundo y en nuestro estilo de vida. Éste es el aspecto universal del zen, la esencia del zen.

Adiós. Divertido, lucido y variado, pero estrictamente cuadriculado y poco abierto a la expresión propia.
Hola (de nuevo). Del tacón alto al pie desnudo en contacto directo con el suelo. De las estrictas figuras de manual a la más pura y relajada expresión armónica sin pretensiones. Arte no gimnástico, y sin embargo, se suda.
Lo que andaba haciendo entre una cosa y otra... Conocido, divertido... línea recta que acaba en círculo cerrado.
Después de ver otra de porrazos del superhéroe, aquí va un enlace genial aportado por Tausiet. Gracias.











El abuelo hace tiempo decidió abandonar sus negocios porque "no se estaba divirtiendo nada", cambiando radicalmente de vida y dedicándose a lo que realmente le gustaba: valorar colecciones de sellos. Enseña a su familia a vivir en la misma línea, sin miedo al futuro y siendo felices de una forma sencilla y optimista.




San Juan de la Cruz (Juan de Yepes) nació el 24 de junio de 1542 en Fontiveros (Ávila), ingresando a los 17 años en un colegio de jesuitas para estudiar humanidades. En el año 1563 toma los hábitos de la orden religiosa Carmelita. Su gran amistad con Teresa de Jesús, también abulense, le lleva a integrarse en el movimiento de la reforma carmelita que ella había iniciado, lo que lo lleva a ser encarcelado en más de una ocasión. Fundó en 1568 el primer convento de Carmelitas Descalzos. Muere a la edad de 49 años, el 14 de diciembre de 1.591, a punto de cumplir con el traslado que se le impone a América, tras su excarcelación. La iglesia católica lo santifica 135 años después.
Sus tres obras poéticas: Noche oscura, Cántico espiritual y Llama de amor viva, con sus correspondientes obras en prosa que explican el simbolismo de su poesía: Subida al monte Carmelo, Noche oscura del alma, Llama de amor viva (reunidas las tres en Obras espirituales).
Depeche Mode es un grupo británico de música electrónica formado en Basildon, condado de Essex en 1.980. Sus componentes son: David Gahan (vocalista y actualmente compositor), Martin Lee Gore (compositor, segundo vocalista, teclista y guitarrista), Andrew John Fletcher (teclista), Vincent Clarke (compositor y teclista), Alan Charles Wilder (teclista, arreglista, compositor ocasional y baterista, apoyo vocal ocasional). Dada su ya larga relación con el grupo, se considera casi miembros a los siguientes colaboradores en concierto: Christian Eigner (baterista; coescribió con Gahan y con Andrew Phillpott canciones para el grupo) de 1.997 hasta la actualidad y Peter Gordeno (teclista, apoyo vocal) de 1.998 hasta la actualidad.
Nothing (lyrics)
Sitting target
Sitting waiting
Anticipating
Nothing
Nothing
Life
Is full of surprises
It advertises
Nothing
Nothing
What am I trying to do
What am I trying to say
I'm not trying to tell you anything
You didn't know
When you woke up today
Sitting target
Sitting praying
God is saying
Nothing
Nothing
Always
Knows the prospects
Learnt to expect
Nothing
Nothing
Nada (letras)
Sentado en el blanco
Sentado esperando
Anticipando
Nada
Nada
La vida
Está llena de sorpresas
No avisa de
Nada
Nada
¿Que intento hacer?
¿Que intento decir?
No intento decirte nada
Que no supieras
Cuando te levantaste hoy
Sentado en el blanco
Sentado rezando
Y dios no dice
Nada
Nada
Siempre
Se saben las perspectivas
Aprende a no esperar
Nada
Nada
