3/11/07

CAPÍTULO I


EL COMIENZO

(OTOÑO)


La carretera mojada serpenteaba entre los troncos húmedos de los árboles, pintados de marrones y verdes. El silencio se hizo insostenible. Jeremías intentó buscar algo de música en la radio de su pequeño Opel, pero aquella angustiosa sensación de soledad no desaparecía y decidió apagarla.

No podía apartarse de la mente las últimas imágenes de Ania... Ania... Los últimos años habían sido como dejarse llevar por un mar furioso. Y, por último, la inercia... la neutralidad, eso había sido incluso peor. Al menos años atrás había pasión, pero todas aquellas discusiones. Los últimos meses ambos se habían retirado a posiciones seguras, indiferentes, resignadas. ¡No! Había dejado atrás todo aquello precisamente para poder volver a encontrar el fuego dentro de sí mismo. Lo único por lo que verdaderamente sentía pasión era escribir, lo único que actualmente le despertaba algo de deseo en su vida era escribir.

Todos los días veía desfilar las mismas caras por el despacho, y ya no le decían nada. Su trabajo no le decía nada, había olvidado por qué estaba allí. Todo lo que antes le hacía sentir algo ahora aparecía vacío e insulso, ¿qué hacía allí?

Las cosas habían llegado a un punto sin retorno. Sentía que de seguir por el mismo camino todo estallaría, tendría que dejarlo todo.

- ¡Pero si ya estás rompiendo con todo! – le había reprochado Ania.
- No, sólo me alejo para ver las cosas con perspectiva. Necesito estar solo un tiempo.
- Has pedido una excedencia, has cerrado tu casa y me estás dejando – sollozaba sobre su hombro. El nunca había terminado de aceptar que aquella mujer fuerte, capaz de dirigir a todos a su antojo, se permitiera esos momentos de debilidad.
- Venga, Ania. No me culpabilices. ¡Deja el chantaje afectivo, por favor! – el rostro de ella se volvió duro, frío, impenetrable. Dio unos pasos atrás y lo miró fijamente a los ojos. – Sólo te pido tiempo. No me voy al otro lado del globo, estaré a 2 horas de avión. Necesito estar solo para escribir, ya no sé cómo explicártelo.
- Si quieres irte no te detendré. Por mi parte puedes quedarte allí para siempre, hemos terminado – cuando la puerta se cerró tras ella, él todavía no había reaccionado.

¿Alivio? ¿Pena? De momento un simple fastidio práctico, no pretendía que las cosas llegaran tan lejos. ¿No podían simplemente aplazar un poco su relación? El necesitaba tiempo, ¡maldita sea! ¿Por qué no lo entendía? Ella, que en los últimos años había dirigido los planes de ambos como si él fuera un simple monigote.



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Empezó a llegarle aire algo menos frío a través de la ventanilla, la carretera ya había comenzado a descender. Quedaba poco para llegar.

Comenzó a avistar las primeras casas. El primer semáforo, la gente iba y venía en todas direcciones, había vuelto a la civilización.

La suya era la tercera casa comenzando la siguiente calle. Tranquila, pero no demasiado alejada. Tenía aspecto de ser muy antigua, pero según el anuncio que lo había llevado hasta allí, estaba recientemente reformada. Paredes blancas, tejado a dos aguas, no excesivamente grande. El jardín estaba bastante descuidado: presentaba una buena cantidad de enredaderas y malas hierbas que habían aprovechado las lluvias para hacerse con el terreno e iniciar una imparable subida por la pared más húmeda. “Tendré que arreglar esto”, pensó Jeremías mientras comenzaba a bajar su equipaje del coche.

Había recogido tan precipitadamente las cosas de casa de Ania que apenas había podido separarlas. Como muestra la manga color coral del jersey favorito de ella asomando por la solapa entreabierta de la primera caja. Imaginó la cara de ella al buscarlo y ¡recordar! Eso le enseñaría a no echar a la gente de su casa de aquella manera.

La forma en que se sintió al irse así... despreciado, echado, desamparado, traicionado, como el criminal que ha cometido un delito, no se borraría tan fácilmente de su corazón, ni de su memoria. Ania lo había sacado de su vida con tanta facilidad que se preguntaba si alguna vez lo había querido.

Intentó sobreponerse a su sensación de abandono y entró por primera vez en lo que iba a ser su hogar del próximo año, cerrando tras de sí la puerta a todo lo anterior

2 comentarios:

Sinrof dijo...

Engancha. Espero que tenga una pronta continuación. Me permito un par de apreciaciones, espero que te sirvan:

"carretera mojada... troncos húmedos" Quitaría el segundo adjetivo por quedar implícito en el primero.

"Sentía que si seguía por el mismo camino todo estallaría, lo dejaría todo" Cacofonía ---> Cuatro "ía" en la misma frase.

"¡No podían simplemente aplazar un poco su relación? " Exclamación o Interrogación

Me gusta, continuaré leyéndote.

Silvia dijo...

Je,je... empiezo por el final:

Gracias, yo a ti también.

Interrogación.

He cambiado dos de las formas verbales y creo que quedo solucionada la cosa (cacófona)

lo primero lo dejo tal cual porque me gusta, ya que defiendo a la persona por encima de la cuadratura técnica, aunque agradezco la observación. La próxima vez lo tendré en cuenta seguro.

Me alegra que te guste. Sí, ya está escrita hace años (incompleta, pero tiene final y todo) e iré poniendo capítulos que tendré que arreglar.