22/9/07

De origen desconocido. Relato corto de hace unos años

De origen desconocido

por Angoliah (Silvia)


Alicia remueve el azúcar en su taza de café. Parece absorta en sus pensamientos, hasta tal punto que cuando vuelve en sí y decide bebérselo lo encuentra frío. Estira los brazos por encima de su rubia cabeza y ladea el cuello para desentumecerse. Deja sus gafas sobre la mesa de la sala de médicos y se frota los ojos. David entra en ese momento:

- ¡Eh! ¿Qué haces ahí sola? ¿Has vuelto a pasar la noche aquí?
- Pues, ahora que lo dices, sí. Creo que sí. ¿Qué pasa hoy que hay tanto revuelo? ¿Dónde se ha metido todo el mundo?
- ¿No lo sabes? – le pregunta extrañado el jefe de médicos.
- ¿Saber qué? Acabo de salir de la cámara. He pasado varias horas con esas muestras, pero nada.
- Esto te gustará. Acaban de traer esos restos fósiles de que hablaron en las noticias hace dos días.
- ¿Los encontrados en los meteoritos? – Alicia da un respingo, interesada.
- Necesitan ciertos análisis para probar que, efectivamente, son fósiles. Aquí tenemos el instrumental necesario. Además, creo que alguien de arriba ha puesto pasta de por medio. Les interesa la publicidad.
- Eso significa que tienen algo que les hace pensar que es cierto- Se levanta a toda velocidad y sale de la sala poniéndose la bata, dejando a David sentado.
- Bueno, yo no diría que…¡eh, Alicia!

Recorre pasillos esquivando personal médico, pacientes, visitantes. Baja tres pisos en ascensor y se dirige a Rayos.

- ¡Eh, Berta! – busca a su amiga al abrir la puerta.
- En la sala de conferencias, llegas tarde – le dice Rosi
- ¿Es cierto?
- Bueno, lo que han encontrado es, sin duda, sorprendente. Mientras todos se felicitan y se pelotean ahí arriba se siguen haciendo pruebas en laboratorio. Pero de momento esos “loquesean” están formados por compuestos del carbono desconocidos hasta el momento por nosotros. Y también encontramos otras sustancias sin determinar aún.

Alicia cierra la puerta y recorre toda la clínica hasta el otro ala, lugar donde un numeroso equipo analiza cuatro minúsculos fósiles desconocidos aún para el hombre.

- ¡Eh, la buscadora incansable de ET!
- Muy gracioso. Dime, Fernando: ¿Qué habéis encontrado?
- Fíjate. Parecen fósiles, pero nunca los habíamos visto como éstos.
- Recuerdan a los clásicos trilobites. Sí, desde éste ángulo; pero lo estás viendo incrustado en el meteorito. Las ecografías muestran que no son planos, se agarran a la roca por un lado en forma de cono que aún se conserva dentro de ella. Bety está tratando de liberar uno de ellos, para estudiarlo mejor. Además, los primeros análisis espectrales muestran signos de extrañas emanaciones de energía. Tratamos de saber lo que es.
- ¿Emanaciones de energía? Esto debe llevar muerto ahí miles de años.
- Eso no es todo. El estudio químico revela un extraño compuesto del carbono totalmente desconocido, y tres sustancias más pendientes aún de catalogar.
- ¿De qué tipo?
- Intentamos buscar símiles a través de sus propiedades. Los ordenadores llevan toda la mañana con ello. Por cierto, ¿has dormido? Tienes una pinta horrible, ¡y van tres veces esta semana!
- Muchas gracias, me gustaría verte a ti si tuvieras pesadillas.
- ¿Qué pesadillas?
- Olvídalo. ¿Me avisarás si hay algo?
- Serás la segunda en saberlo, Ali.
- Gracias.

Alicia solía dormir poco. No sólo por el trabajo, que ocupaba toda su vida. Lo cierto es que solía despertar sobresaltada a causa de sus pesadillas. Eran sueños recurrentes sobre un sitio totalmente desconocido para ella, de atmósfera rojiza y ardiente. En ellos se arrastraba por el suelo, entre vapores, sobre rocas, guijarros y la árida tierra. Pesaba, seguía intentando arrastrarse. Cuando se miraba, veía un enorme cuerpo semiopaco, color blanco, viscoso, semejante a una gran larva que se movía… ¡y despertaba entre sudores, sintiendo dolor y calor por todo su cuerpo! A veces vomitaba. Ella lo achacaba a esos horarios intempestivos y la mala alimentación, sumado a la obsesión por conseguir demostrar la existencia de vida en otros planetas que la perseguía desde que tenía uso de razón.

Hoy sería distinto. De cena ensalada y pescado a la plancha. De postre yogur. Todo ellos tras un buen baño relajante de espuma. No puso la televisión ni leyó el periódico para poder aislarse de todo al menos unas horas.

El humo y los vapores no la dejaban ver. Todo era rojo, y como distorsionado por el calor. La imagen era plana, como si nada tuviera profundidad. Un inquietante mundo rojo en dos dimensiones. Se arrastraba fatigosamente, no podía moverse con rapidez. Toda ella pesaba, estaba como hinchada. Roca y más roca a su alrededor, roca roja… vapor rojo… “¿Por qué peso tanto?”. Decide mirar a sus piernas y ¡sólo ve un gigantesco gusano viscoso semiblanco arrastrándose donde debía estar ella!

Alicia se incorpora de un salto en la cama, despertando sobresaltada, bañada en sudor. ¡Está ardiendo! Se siente mal, va al baño y se moja la nuca. Moja una toalla y se la pasa por la cara, por el cuello. Empapa su cabello. Vomita.

- ¿Qué me pasa? – piensa – Está bien, debo hacerme unas pruebas para ver qué demonios anda mal.

Al día siguiente, la puerta de la clínica está llena de periodistas así que decide utilizar otro acceso menos transitado.

- Buenos días, David.
- Buenos días. ¿Qué, nos viste en las noticias?
- Lo siento, ayer no vi nada. Estaba destrozada.
- Ahora que lo dices, no tienes muy buena cara Alicia. Que alguien te eche un vistazo. Ultimamente has trabajado demasiado y no puedo permitirme el lujo de prescindir de ti ahora.
- Después de este té iré a ver a Fernando, palabra – dice Alicia levantando la mano a modo de juramento.
- Bueno. Me gustaría que te pusieras al día. Quiero que entres en el equipo de investigación del caso que hemos llamado “fósiles de origen desconocido”. Mi ayudante te dará toda la información que necesites.
- De acuerdo, enseguida me pongo a ello.
- Voy a ver qué hago con toda esa prensa. ¡Cómo no acabemos pronto con esto voy a volverme loco!

Una hora más tarde y con un par de carpetas de documentos bajo el brazo, Alicia acudía a Fernando para que le tomara muestras.

- Te diría el diagnóstico ya: ¡exceso de trabajo! En los últimos tres meses prácticamente has vivido aquí. ¿Por qué no te tomas unas vacaciones?
- ¡Estás loco! ¿Ahora que nos espera lo mejor? Por fin podríamos probar la existencia de vida en otros planetas y tú quieres que vaya a tostarme al Sol.
- También podrías buscarte un novio.
- ¡Por favor! Pon a funcionar el resto de las neuronas que te quedan y deja de hablar como en el siglo dieciocho.
- Alicia, ya en serio, ¿por qué no vas a ver a tus padres? Creo que Filiberto sigue igual, ¿no?
- Sí, mi padre tan cascarrabias como siempre – dice ella irónicamente. Luego continúa con un tono de voz más grave – Sí, llevan meses diciendo que apenas le quedan unas semanas. Mi madre está agotada. Creo que te haré caso y viajaré para verlos, ¡pero en cuanto acabe con esta investigación!

El movimiento del laboratorio era incesante. Simulaciones por ordenador, cultivos en sus rejillas móviles, análisis bacteriológicos… no había muchos datos nuevos desde el día anterior. Alicia leía los expedientes una y otra vez en busca de respuestas. Se acercó a la vitrina donde tenían dos de los fósiles encontrados y los estudió atentamente. De pronto, tocando uno de ellos, sintió como una corriente eléctrica, algo que la dejó paralizada mirándolo sin verlo, absorta, sin pensar en nada. Sus dedos recorrieron la forma cónica que Bety había logrado extraer de la roca. Tenía un relieve rugoso, con algunas hendiduras minúsculas, perfectamente equidistantes.

- ¡Doctora! Ejem…¡DOCTORA!
- ¡Sí! – reaccionó Alicia, dejando el extraño especímen de nuevo en su lugar.
- La llaman de recepción. Es urgente.

- ¿Doctora Delgado? – escucha a través del hilo telefónico.
- Sí, soy yo. ¿Qué ocurre?
- Soy el Dr. Herrera. Me veo en el penoso deber de comunicarle que su padre ha fallecido esta mañana. Lo lamento mucho – llega el silencio que, tras unos segundos que parecen no acabar nunca, Alicia lo rompe.
- Voy para allá. ¿Han avisado a mi madre?
- Doctora Delgado, su madre ha sufrido un accidente esta misma mañana. Se encuentra ingresada también en este hospital. Será mejor que venga de inmediato.

Cuando Alicia consigue llegar al Hospital Nacional en taxi, aturdida aún por la doble noticia, es conducida a través de salas y pasillos hasta el despacho del director. Es este director un hombre grueso, moreno, que la mira hoscamente tras su bigote. En la misma habitación la esperan dos hombres con uniforme militar y rasgos endurecidos, una mujer con sobrio uniforme negro y ¡David! Su propio jefe de médicos y amigo los últimos tres años.

- Siéntate, Alicia – le dice amablemente éste último.
- ¡David! ¿Tú aquí? ¿Qué ocurre? No entiendo…- le ofrecen el asiento, que ella toma sin darse cuenta.
- Doctora Delgado – comienza el director uniendo sus manos.- Lamentamos mucho la pérdida de sus padres, pero hay un asunto muy delicado que debemos tratar inmediatamente.
- ¡Mis padres! ¿Qué le ha sucedido a mi madre? La persona que me llamó no dijo que ella hubiera… ¡Oh, Dios mío! ¿Qué es esto? – David la sujetaba suavemente por los hombros, intentando tranquilizarla.
- Alicia, escucha un momento, por favor. Enseguida podrás verlos. – la consuela David
- Dr. Aguiar, usted no está aquí para decidir eso – le ataja uno de los militares.
- Doctora Delgado – prosiguió el director – es nuestro deber comunicarle una serie de hechos. El primero de éstos es que usted fue adoptada en 1968 por los señores Delgado
- ¡Eso no puede ser cierto! Me lo hubieran dicho – se indignó ella.
- Para ser más exactos fue puesta a su cuidado por el gobierno. Aquí tiene una serie de documentos que lo demuestran – le contesta tendiéndole una carpeta blanca con varios documentos y fotos.- La hemos seguido de cerca todo este tiempo. Hace tres años, desde su ingreso en el hospital, fue asignada al cuidado del Doctor David Aguiar, quien nos reportaba cualquier incidencia regularmente.- Alicia escuchaba atónita sin poder entender. – Antes de su adopción, a la edad de siete años, existen ciertos detalles que nos gustaría poner en su conocimiento.
- Yo… no recuerdo nada – la cabeza le daba vueltas.
- Nos ocupamos de eso antes de entregarla a sus cuidadores, pero usted siempre ha sido propiedad del gobierno.
- ¿Cómo dice? Esto es demasiado – Alicia se levantó bruscamente y la carpeta cayó al suelo, esparciendo su contenido por el suelo. Se fija en unos análisis, en unas fotos, y se agacha incrédula.
- Alicia, escucha. Las pesadillas, las molestias que van en aumento. Los cambios bruscos de temperatura. Te he estado observando – le dice David, ahora un poco más frío. Ella no se mueve.
- Ahora que el proceso ha comenzado queda usted bajo la tutela del gobierno nuevamente. En realidad, es usted una creación nuestra – continúa el director.
- No… yo… no me encuentro muy bien. Necesito ir al lavabo – dice Alicia recomponiéndose un poco. El director la mira inquisitivamente durante unos segundos.
- Está bien. Dr. Aguiar, acompáñela en todo momento.

Alicia se apoya en David y salen juntos. El va hablándole, diciéndole lo bien que van a ir las cosas ahora, ahora que por fin sabe lo que le ocurre. Todos van a cuidar de ella, a aprender de ella, a estudiarla. Ella no escucha, una sola idea fija ocupa su mente. En cuanto doblan la esquina ella le clava la rodilla en el estómago y sale corriendo. Tiene que volver al laboratorio.

Cuando sale por la puerta principal del Hospital comienza a oír sirenas. A partir de ese momento no dispondrá de mucho tiempo. Toma un taxi justo a tiempo de ver como seguridad bloquea la salida, impidiendo la entrada y salida de personas del recinto.

- ¡Rápido, lléveme a ésta dirección! – sabe que el hospital estará vigilado, pero puede averiguar lo que necesita desde su portátil. Aprovechará para recoger algunas cosas, pues puede que su casa pronto esté vigilada también. La cabeza, el dolor, todo es irreal. De pronto vuelve a notar como su temperatura sube repentinamente y le invade el malestar: sudores fríos, náuseas, visión rojiza…
- ¿Se encuentra bien, señorita?
- ¡Lléveme adonde le he dicho, rápido!

Al llegar a su piso cierra con llave y echa la cadena. Conecta su portátil y teclea su clave de acceso: denegada. Han tomado medidas más rápidamente de lo esperado. Teclea la clave de Fernando, podrá acceder a los resultados de sus análisis desde allí. ¡Estupendo! Ellos no podían imaginar que, a veces, los compañeros intercambiaban sus claves para poder capturar información de varios departamentos. Mientras se descargaban los datos cogió una bolsa de deporte y metió dentro algo de ropa frenéticamente. Volvió a la pantalla: archivo borrado. ¿Por qué se habrían tomado la molestia de borrar sus análisis de esa misma mañana? Buscó su ficha personal: archivo borrado.

Prueba por uno y otro camino y no encuentra datos de ningún tipo sobre ella. Ni en la página de su banco, ni en la Seguridad Social… todo era una locura. Se le ocurre otra cosa. Vuelve a conectar con la red de la clínica y busca información sobre la investigación de “fósiles de origen desconocido”. En el apartado de análisis bioquímico pudo encontrar una lista de componentes conocidos, un componente carbónico no clasificado y tres componentes de origen desconocido a cuya denominación precedía la expresión: “similar ALI.C.I.A.”.

Toma aire mientras su temperatura corporal sube y baja, vuelven los mareos. La cabeza parece querer estallarle y el corazón le late con fuerza. Se arma de valor y busca ALI.C.I.A.

La pantalla se oscurece y aparece la información solicitada:

FUENTE DE DATOS: BASE MILITAR NACIONAL
PROYECTO: SER ALIENIGENA CREADO E INOCULADO ARTIFICIALMENTE (ALI.C.I.A.)

Alicia leía angustiada la descripción del procedimiento; cómo habían inoculado en embriones humanos sustancias extraídas de otros meteoritos, anteriores a los que ella había estado estudiando esos días, encontrados en los respiraderos volcánicos del Vesubio, llevándolo a su posterior desarrollo artificialmente. Estas sustancias presentaban caracteres comunes a los de las arqueobacterias, pero procedían de rocas de origen extraterrestre. De todas las pruebas sólo había sobrevivido uno. Había unas anotaciones sobre como preveían que el ser resultante, humano primeramente, evolucionaría hasta convertirse en una especie de híbrido. El resultado del experimento…

De pronto una ventana de diálogo aparece parpadeante en mitad de su pantalla:

DOCTORA DELGADO: SU PRESENCIA HA SIDO DETECTADA. SABEMOS DONDE ESTA. SOLO ES CUESTION DE TIEMPO. ENTREGUESE PARA EVITAR MALES MAYORES. NOSOTROS SOMOS LOS UNICOS QUE PODEMOS AYUDARLE.

Alicia reacciona apagando el portátil, cogiendo el escaso equipaje y…¿dónde ir? Darían con ella, era cierto, sólo era cuestión de tiempo.

De pronto le invade una calma serena, extraña, irreal. Como irreal era todo ese día, todo lo que le estaba sucediendo. Suelta la bolsa en el suelo y sale de casa. La puerta queda abierta. Cruza la carretera. Avanza hacia la playa. Se quita los zapatos y siente el tacto de la arena bajo sus pies. Las lágrimas habían dejado de correrle por las mejillas. A esa hora no había nadie por allí. Cruza la arena y llega a la orilla de aquel azul, inmenso mar. Comienza a caminar agua adentro, mientras el sol se pone. Era un lugar de fuertes corrientes, para cuando ellos llegaran no podrían ya recuperar su cuerpo. No dejaría nada que pudiera ser profanado. Se llevaría todos sus secretos consigo.



FIN

2 comentarios:

Rhino dijo...

Entre Silvia y Alicia hay una diferencia que las une al final: los caramelos, el coral.

Silvia dijo...

Estrellicas de mar que encuentra rhino en sus paseos por la orilla, que le hacen cosquillas en las patillas...