23/9/07

La esencia del zen (fragmentos)



Los textos clásicos de los maestros chinos (Dahui, Yuanwu, Foyan, Yuansou, Linji, Mazu, Fanyan, Wuzu, Ying-an y otros).

Selección, traducción y epílogo de Thomas Cleary.



Contraportada:

La esencia del zen es un libro iluminador y fascinante que deshace muchos tópicos. He aquí una colección de enseñanzas que muestran que el zen es algo extraordinariamente flexible, que se adapta a las necesidades individuales y a las necesidades de la época, más allá de las fronteras culturales.

Por su propia naturaleza, el zen no pertenece a ninguna cultura en exclusiva. Su práctica requiere conciencia y tiene que ver con la forma con que experimentamos el mundo y vivimos la vida.

Con material extraído de los anales de los grandes maestros de las dinastías Tang y Song de China, La esencia del zen constituye la instrucción más abierta y directa de todo el canon zen. Lo que emerge es un apasionante cuadro, no como religión o filosofía, sino como ciencia práctica de la libertad.

Particularmente relevante es el epílogo, donde Thomas Cleary describe el background histórico y cultural del desarrollo del zen en China.

Thomas Cleary, licenciado en lenguas de Extremo Oriente por la Universidad de Harvard, es famoso por sus ediciones y traducciones de los libros más clásicos del budismo y del taoísmo.

Introducción:

El zen es la esencia del budismo, y la libertad, a su vez, constituye el núcleo esencial del zen. Su objetivo, sea cual fuere el nivel al que lo consideremos, consiste, única y exclusivamente, en liberar todo el potencial oculto de la mente humana. El maestro chino Ying-an dijo: "el zen vivo es el atajo más directo para alcanzar la iluminación sin realizar esfuerzo alguno dondequiera que te encuentres".



El zen no nos habla de una libertad remota sino, por el contrario, de una libertad que se halla plenamente inmersa en el mundo. Su práctica no requiere ningún requisito especial sino que puede ser llevada a cabo de manera directa y natural en medio de nuestras actividades y ocupaciones cotidianas. Como dijo Dahui, otro gran maestro chino: "para alcanzar la iluminación no es necesario abandonar la familia, dejar el trabajo, hacerse vegetariano, convertirse en un asceta o retirarse a un lugar solitario".

No obstante, la libertad del zen, aunque pueda manifestarse en este mundo, no pertenece a él. No se trata del mismo tipo de libertad que puede instaurar o garantizar un determinado sistema político o social. Una libertad otorgada puede también ser abolida y el zen, en cambio, aspira a una libertad que no puede ser impuesta desde el exterior sino que brota desde lo más profundo de nuestro ser.

La liberación zen se alcanza mediante un tipo de percepción y comprensión especiales que penetran hasta la misma raíz de la experiencia, una percepción y una comprensión que despojan a la mente de las limitaciones arbitrarias impuestas por el condicionamiento, despertando, de ese modo, el potencial latente de nuestra conciencia. Como decía Dahui:

El reino del iluminado no pertenece al mundo de los atributos manifiestos externos. La budeidad es el reino de la sabiduría sagrada que mora en nuestro interior. Para alcanzarla no se precisa instrumento, práctica ni comprensión alguna sino que basta con liberarnos de la influencia del sufrimiento psicológico que hemos ido acumulando en nuestra mente desde el comienzo de los tiempos en nuestra relación con el mundo externo.

El objetivo del zen es el de purificar la mente hasta que pueda percibir su propia naturaleza esencial. Esta percepción nos capacita para mantener el equilibrio y la libertad en cualquier circunstancia y clarificar, de ese modo, nuestra experiencia cotidiana. El anciano maestro zen japonés Bunan dijo:

La gente considera difícil llegar a percibir su propia naturaleza esencial. En realidad, no es fácil ni difícil, ya que no hay nada que pueda añadírsele. Se trata de responder a lo correcto y a lo erróneo sin aferrarnos a ello, de vivir en medio de las pasiones sin identificarnos con ellas, de ver sin ver, de oír sin oír, de actuar sin actuar y de buscar sin buscar.


La libertad del iluminado se manifiesta en este mundo pero no pertenece a él. Por ello suele representarse tradicionalmente como una flor de loto enraizada en el lodo, que florece, no obstante, al mismo tiempo, sobre la superficie de las aguas. No se trata de lograr una especie de desapego negativo sino de alcanzar un equilibrio entre independencia y apertura que no se consigue por medio del esfuerzo, sino mediante la experiencia directa y el despliegue de la esencia de la mente.

Sin embargo, la libertad zen, aunque presente y accesible, es, paradójicamente, escurridiza cuando la buscamos deliberadamente. Por ello Bunan hablaba de "buscar sin buscar" y Ying-an afirmaba que "en el zen no hay nada a lo que aferrarse. Quienes no lo comprenden así son víctimas de su propia ambición".

Por este motivo, los textos clásicos de esta tradición no son manuales doctrinarios ni compendios rituales que deban ser seguidos sistemáticamente y que nos permitan aproximarnos, paso a paso, a una especie de santuario interno. Su objetivo no es el de inculcar ideas o creencias sino despertar aquellas dimensiones que permanecen dormidas en el fondo de nuestra conciencia.

Desde la desaparición de las escuelas clásicas se han instaurado numerosos sistemas de zen pero ninguno de ellos ha sido completo, definitivo ni duradero. La naturaleza del zen se dirige a la experiencia personal del individuo sin importar la época. Y lo mismo podríamos decir, como atestiguan las escrituras, de las demás escuelas budistas. Así, según el maestro Dahui: "Si crees que en el zen existe alguna formulación verbal que transmita algún secreto especial, estás equivocado. Ése no es el zen verdadero".

El zen profundiza y agudiza la inteligencia, añadiendo, de ese modo, nuevas dimensiones a la razón y a la intuición, y nos proporciona un tipo de sabiduría, o de conocimiento, mucho más sutil que el del pensamiento conceptual. Este tipo de desarrollo mental no puede ser dado ni recibido. Por ese motivo el aprendizaje del zen cuenta con sus propias estrategias.

La esencia del zen es extraordinariamente simple. Como decía el maestro Yuanwu: "Renuncia a las frases hechas y a las opiniones intelectuales aprendidas que se clavan en tu piel y se adhieren a tu carne". El zen es la esencia más pura de la mente y desaparece en el mismo momento en que lo conceptualizamos. Por ello el objetivo de la literatura zen no es ideológico, sino impactante.

Por su misma naturaleza, la esencia del zen no es oriental ni occidental. Los maestros clasicos afirmaban que el zen no es patrimonio de ninguna cultura o filosofía, y mucho menos de una clase o grupo social determinado. Como señaló un poeta zen: "¿Sobre qué puerta no se refleja la luz de la luna?" El zen no es un producto de las ideas sino que, por el contrario, constituye su mismo fundamento. Esto es, precisamente, lo que distingue a la esencia del zen de cualquier producto filosófico, religioso, artístico o científico.



Existen muchas formas de aproximarse al zen y las posibilidades que se derivan de él son todavía mayores. Este libro, que presenta una traducción de textos originales extraídos de las obras de los principales maestros de la antigua China, recoge una de las formas de instrucción más directas de todo el canon zen. En este sentido no constituye, pues, un compendio de textos filosóficos o religiosos sino que se trata de una enseñanza psicológica eminentemente práctica sobre la liberación.

A lo largo de los siglos este tipo de literatura ha permanecido abierto a cualquier persona interesada. Su práctica se dirige directamente a la relación existente entre mente y cultura y no exige, por tanto, ningún tipo de conocimiento previo sobre budismo zen o sobre cualquier otro aspecto de la cultura oriental. Lo único que se requiere es permanecer atento. Por ello sus efectos influyen inmediatamente en nuestro modo de experimentar el mundo y en nuestro estilo de vida. Éste es el aspecto universal del zen, la esencia del zen.

2 comentarios:

jio dijo...

zen. el haiku tampoco requiere grandes conocmientos literarios. llegaron aquí con la entrada del exotismo en nuestro modernismo.
currada te has pegado. ;)
silvia... ¿no estarás dormidica?
besico.

Silvia dijo...

El haiku tradicional consta de 17 sílabas dispuestas en tres versos de 5, 7 y 5 sílabas, sin rima. Suele contener una palabra clave denominada kigo (季語, 'kigo'?) que indica la estación del año a la que se refiere.

A veces curro, a veces duermo... pero te veo, jajaja. Besicos!