12/9/07

James Stewart - 10 años, 2 meses, 7 días


Uno de los rostros más entrañables del cine clásico. Interpretó papeles inolvidables, como el de George Bailey en "Qué bello es vivir"(1946), Elwood P. Dowd en "El invisible Harvey" (1950) o a Glenn Miller en "Música y lágrimas" (1954). Trabajó con directores de la talla de Alfred Hitchcock, Anthony Mann, George Cukor, John Ford o Frank Capra. Con un óscar por "Historias de Filadelfia" (1940) y otros 24 premios y 19 nominaciones.



Más información sobre la vida y filmografía de James Stewart:

Entrada el criticón (con links a críticas de películas)

IMDb



El sueño de la mariposa (10 años tras su muerte)



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IMDb (galardones)



Vive como quieras (1938)

Su primera película importante fue "Vive como quieras" (You can take it with you) en 1938. Con ella Frank Capra obtendría su tercer óscar, defendiendo una vez más los valores de la clase social media y dando una lección sobre la familia y el uso de la libertad.

El argumento nos muestra una familia compuesta por Martin Vanderhof o "el abuelo", interpretado magistralmente por Lionel Barrymore, su hija Penny (Spring Byintong) y yerno (Samuel S. Hyde) o Sres. Sycamore, las hijas de éstos: Alice (Jean Arthur, coprotagonista con Jimmy Stewart) y Essie Carmichael (Ann Miller) con su marido Ed (Dub Tylor). A éstos se añaden sirvientes, amigos y otros agregados que suelen aparecer en casi todas las escenas, especialmente porque suelen tener lugar a la hora de la cena, momento preferido de todos para aparecer oportunamente: la asistenta (Lillian Yarbo), su prometido Donald (Eddie 'Rochester' Anderson), el profesor de baile Kolenkhof (Misha Auer), el antes repartidor de hielo de la zona sr. de Pina (Halliwell Hobbes) y el señor Poppins (Donald Meek). Estos dos últimos trabajan con el Sr. Sycamore en un taller en el sótano donde fabrican cohetes para vender para las fiestas, máscaras y otros juguetes. Ed imprime panfletos publicitarios también en el taller.


El abuelo hace tiempo decidió abandonar sus negocios porque "no se estaba divirtiendo nada", cambiando radicalmente de vida y dedicándose a lo que realmente le gustaba: valorar colecciones de sellos. Enseña a su familia a vivir en la misma línea, sin miedo al futuro y siendo felices de una forma sencilla y optimista.

Vemos como la sra. Sycamore escribe novelas a máquina mientras Essie le ofrece dulces recién horneados danzando un pésimo pero desternillante ballet. Ed regresa de su reparto de dulces por el vecindario y empieza a tocar el xilofón. Una explosión tira un cuadro de su clavo sin inmutar a nadie y vuelve a ser colocado en su sitio. Son pruebas de los cohetes del sotano. El abuelo vuelve de su paseo por el parque tras escuchar los discursos de graduación de los estudiantes como quien va a ver comedias al teatro, trayendo consigo a un empleado de un gran banco, el sr. Poppins, que acaba de ser "liberado" de su vida gris y se une a la casa.

Maravillosa la escena en que un inspector del impuesto sobre la renta se entrevista con Vandehof para explicarle por qué tiene que pagar impuestos, ya que no ha presentado una declaración en años. Como intentar explicarle a un marciano cualquiera de nuestras convenciones. Eso sí, este marciano se muestra muy tranquilo y nunca pierde el sentido del humor, cosa que no puede decirse de su visitante. Acaban deshaciéndose del inspector por los medios habituales cuando éste chilla y amenaza al abuelo. Ed toca el xilofón a toda marcha, Essie baila y casualmente explotan varios petardos del sótano, tirando el cuadro de siempre sobre el funcionario que ya salía corriendo, incapaz de entender cuanto presenciaba.


Alice Sycamore es la secretaria de Tony Kirby (James Stewart), hijo de un gran banquero, Anthony P. Kirby (Edward Arnold), que acaba de ser nombrado vicepresidente por su padre. Se han enamorado y se prometen. La madre de Tony acaba de sorprenderlos en el despacho y, visiblemente descontenta ante el panorama de que su prometedor y rico hijo se despose con una simple secretaria, intenta que se deshaga el compromiso. Alice no quiere continuar con los planes de boda sin la aprobación de ambas familias e insiste en organizar una cena en casa de los Vanderhof para que los conozcan. Como Tony no quiere y ella no ceja en su empeño, él decide presentarse en casa de su novia la noche anterior a la cita para que se conozcan todos tal como son, evitando los intentos de Alice por normalizar su situación doméstica.

El momento no puede ser mejor: Essie acaba de terminar cayendo bruscamente al suelo lo que posiblemente sea la más horrorosa representación de la marcha húngara vestida con su tutú y medias blancas, Kolenkhov dirige el espantoso espectáculo con la camisa cual faldón, Ed al xilofón, la sra. Sycamore ha decidido justo esa noche vestirse de pintora bohemia con boina y todo y continuar un retrato del sr. de Pina vestido de discóbolo con túnica, laureles y todo, la asistenta y su prometido bailan en la cocina, las explosiones procedentes del sótano se siguen sucediendo y Alice se presenta en pantalones y con bigudíes bajando por el pasamanos sin manos y chillando excitada, ajena a sus visitantes.

Las siguientes escenas no pueden ser más incómodas: todos intentan recoger la sala, buscar asientos, improvisar una cena y entablar algún tipo de conversación con el gran banquero y su mujer, vestidos para ir a una ópera o algo parecido. Tony, también de traje, intenta entenderse con Alice, pero esta está demasiado enfadada. Finalmente y tras arrojar Kolenkhov al suelo al sr. Kirby padre simulando una llave de lucha libre, los Kirby deciden marcharse y Alice duda sobre su compromiso.

Anthony P. Kirby tiene un gran negocio entre manos. Si éste resulta se hará con el monopolio del mercado armamentístico en el estado. Para ello ha estado adquiriendo inmuebles de toda una zona para rodear a su adversario, Ramsey, y cortarle el suministro. Sólo el dueño de una de las viviendas se le resiste, le ofrezca cuanto le ofrezca. Todas estas operaciones son llevadas a cabo por un intermediario, que intenta por todos los medios que este último propietario venda a cualquier precio. Obligado por Kirby empieza a usar sucias estratagemas. Este propietario es ni más ni menos que el propio sr. Vanderhof. Ninguno de los dos saben que están ante el otro, hasta que la policía entra justo antes de que los Kirby abandonen la casa y detienen a todos. Cuando obligan al sr. de Pina a salir del sótano no le dejan recuperar su pipa encendida y todos los cohetes explotan, dejando sin luz al barrio entero bajo un estruendo y colorido sin igual. Este es el único momento en que Kolenkhov disfruta realmente. Hasta aquí todo le parece un horror según sus propias palabras.

En las celdas, esperando el juicio, se enteran de que toda esta situación ha sido provocada por el agente inmobiliario pagado por Kirby para obligar a Vanderhof a vender su casa, lo que hace estallar la bomba oculta: Vanderhof se ríe de ver al cazador cayendo en su propia trampa, Kirby lo acusa de un supuesto complot para enamorar a su hijo y sacarle información y acaba recibiendo la mayor lección de su vida en el único arranque de genio que presenciaremos del abuelo. Acto seguido éste se disculpa y le regala una armónica.

Tras la sentencia del magnánimo juez, que disfruta presenciando como los numerosos amigos de los Vandehof hacen colecta para pagar la multa impuesta a la familia, en la que él mismo participa, Alice estalla ante el intento de Vandehof de ayudar a los Kirby a establecer una coartada para que no se les relacione y cuenta toda la verdad ante la prensa que acaba de entrar por la fuerza en la sala al enterarse de que es el famoso banquero el juzgado. Deja a Tony y se va de la ciudad. El escándalo se publica en todos los periódicos.

Finalmente, la familia que ha quedado desolada decide vender para ir con Alice que no puede volver a la ciudad por el escándalo. Mientras, Anthony P. Kirby, a punto de firmar el contrato millonario con el que perdería su alma para siempre y recién abandonado por su hijo, sigue los pasos de Vandehof. Baja en su ascensor para nunca más subir y acude a casa del abuelo a pedir señas de su hijo que se ha marchado. Ambos, banquero y abuelo, mantienen una conversación en un salón vacío en plena mudanza y acaban tocando juntos la armónica. Desde el piso de arriba lo escuchan Tony y Alice, que había vuelto al enterarse de la venta de la casa y se había encerrado en su dormitorio escapando de su ex-novio. Bajan sorprendidos y saltan de alegría cuando Kirby padre aprueba el enlace. Hasta la madre de Tony, que ha acudido a buscar a su marido y se desmaya, acaba uniéndose el grupo en la cena de la última escena, en que todos comen codo con codo y el abuelo agradece que todo se haya arreglado en sus oraciones, al bendecir la mesa.

Un filme muy alegre y con un bello mensaje sobre cómo vivir una vida feliz y sencilla, dejando aparte esclavitudes estériles como la fama, el prestigio y la ambición económica y poniendo de relieve valores como la amistad, la familia, la humildad y divertirse como arma para todo. Claro que, puestos a vivir en nuestra propia burbuja, habrá que ver cómo nos las ingeniamos con los embates de la vida real, no sea que se nos rompa.

2 comentarios:

Jamás Este Bar dijo...

Viva la burbuja de la vida irreal, que no es otra cosa que la vida misma según se mire. Explotar, explota igual la real que la irreal. Así que puestos a que nos salpique algo, que sea jabón de colores en vez de excrementos.

Silvia dijo...

Explota explota que explo,
explota explota mi corazón...